19 de julio de 1936 - Bombardeo Plaza España, defenestración piano, saqueos posteriores (464 + 146)

Cuenta papá que las tropas de Franco se levantaron en Africa el 18 de julio. Al día siguiente una bomba los sacó de la cama. Su papá, el yayo José, fue a investigar a la luz de un día sin sol. “Quedaros tranquilos en casa, voy a ver qué ha pasado”. Al volver, cuenta papá, el yayo José explicaba que jamás había visto tanta “carne en la calle”. La Plaza España de Barcelona había sido bombardeada. Transeúntes, gente de a pie, los primeros obreros que esperaban el metro, inocentes todos: muertos. Bastó y sobró para que la familia se preparara para salir a la calle.

Cuenta, ahora la historia, que el pueblo de Barcelona se enfrentó al ejército y lo venció. Un pueblo que se agrupaba alrededor del anarcosindicalismo. Las bravías teorías de Bakunin, Proudhon y Malatesta, eran anatema de las de Marx y Lenin. Los anarquistas no estaban ni con unos ni con otros. El primer frente, después de espantar al ejército, fueron las iglesias, conventos y colegios de curas y monjas. El clero temblaba y huía por los pasillos subterráneos.

Cuenta papá que lo que vio aquellos días, cuando apenas era una adolescente, lo acompañó en sus recuerdos hasta el día de hoy. Papá vio como quemaban los cuadros y las esculturas de las iglesias. Como los gitanos de la calle Los Ladrilleros, en nombre del anarquismo lanzaban un piano de cola de alto balcón del convento de la calle Guadiana de Sans [es decir, el Colegio Sagrada Familia de las Hermanas de la Sagrada Familia de Urgel, ve por ejemplo Manuel García Gargallo, L’ensenyament de l’església a la ciutat de Barcelona, ahora parte de la Escola Joan Pelegrí]. La fuerte impresión de ver las monjas momificadas emparedadas en los subterráneos pasillos que comunicaban del convento al de los curas. “Monjas con sus fetos en brazos…”.

El escarnio esperpento de Valle-Inclan finalizaba en la Diagonal donde en desfile carnestolendo al grito de “a las barrricadas” proclamaba el triunfo de la Revolución. Camiones llenos de obreros, gitanos, chulos y todas “las putas del barrio chino” que se iban para el frente de Aragón. Así lo vio papá y así me lo ha contado una y otra vez. Después la historia comenzó a complicarse. Lo que pretendió ser un golpe de Estado militar se transformó en una guerra civil. Una apretada guerra mundial que sirvió de ensayo general para la gran guerra. La última guerra idealista del siglo de las guerras.

Jorge Vidal. (1997, octubre 4). Alma ácrata. El nacional. Leer más

Comentarios del compilador

Creo que los defenestradores rojopocopianistas encontraban inspiración en los rusos que tiraron el piano de Chopin por la ventana de su piso en Varsovia, como describe Cyprian Norwid en Fortepian Szopena:

The very one! … that [piano which] proclaimed Poland
– From the zenith of Ages’ all-perfection
Captured – in hymns of Rapture;
That Poland – of transfigured wheelwrights –
That same piano – cast – on a street of granite!
– And so it is, like man’s noble thought,
Besullied by men’s wrath,
Or, so it is – ever and evermore –
With all that will awaken!
And – thus – as Orpheus’ body
A thousand passions tear it into shreds;
And each one howls: “Not I! …
Not I!” – grating her teeth –

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