22 de December de 1889 - Descripción del espectáculo «Buffalo Bill’s Wild West», con unas consideraciones antropológico-literarias; desembarcan mareados, y se embarcan hambrientos (2018 + 2801 + 30)


Un cartel de Buffalo Bill del 1899. Imagen: Wikipedia.

BÚFALO BILL’S

[Información zoológica sobre los búfalos]

Barcelona tuvo el gusto de ver pieles-rojas de la gran familia americana en 1493 cuando Cristóbal Colón regresó de su primer viaje, siendo recibido en nuestra ciudad por los reyes católicos.

Pero en cuanto á bisontes bien se puede asegurar que no vio aquí el primero hasta hace unos doce años, cuando vino el domador Bidel en sus buenos tiempos, trayendo una rica y variada colección zoológica en la cual había un hermoso ejemplar de aquellos indivíduos de la espacia bovina.

A pesar de que en 1493 vinieron caribes á Europa, Barcelona que ha visto trabajar en sus teatros árabes, senegaleses, tártaros, mongoles, etc… no había visto aún en su verdadero traje á los hijos da las praderas norte-americanas hasta el día de ayer en que les vio aparecer con sus túnicas de piel de antílope adornado con púas de puerco espín y sus típicos mocasines, con el rostro pintarrajeado á la usanza de su país y llevando también sus propias armas y arreos de la vida nómada.

Los indios de la América del Norte, algo distintos de los fueganos y sud-americanos, como también de los toltekas de la región central, pertenecen en su mayoría á la numerosa tríbu da los Siux, y hablan la lengua narcotah que algunos sabios comparan al dialecto de los tártaros manchues. Lo cual puede probar que an épocas remotas los hijos del Asia invadieron las llanuras del Alaska, pasando el estrecho de Bering.

Esta raza que no nos ha hecho ningún mal y que tan bien acogió á los primeros europeos, causa verdadera tristeza á los hombres pensadores al verla destinada á fundirse ante los rayos de la civilización moderna que de día en día va extendiendo sus conquistas hacia el Lejano Oeste como denominan los yankees á la extensa pradera americana.

Mañana no quedará como recuerdo de su pasada existencia más que aquel triste poema conocido en los Estados Unidos por Las Memorias de Tanner el cual tan bien los retrata en su vida íntima por haber participado de ella durante 30 años.

Y luego como nota de brillante colorido, las populares descripciones del conocido autor de Los cazadores de caballeras y La Jornada de la Muerte, también recordarán á esos desgraciados pieles rojas, condenados á perecer en la especie. Estas obras encierran el principio y fin de aquellos desdichados hijos del desierto, crueles con la raza blanca, desde el día en que ésta les pagó su hospitalidad con la más negra de las ingratitudes.

Saludemos pues benévolamente á los últimos descendientes de un pueblo que fué, y de cuyas dos ramas Aztecas y Delavares ya no queda ni un solo individuo; y vamos á describir la fiesta de ayer.

El espectáculo

El espectáculo «Búfalo Bill’s Wild West», puede considerarse dividido en tres partes: presentación de costumbres de los habitantes del Oeste de los Estados Unidos, agitación y ejercicios de tiro.

En la primera, que no importa decir es la más instructiva, se presentan escenas sumamento pintorescas, y que si bien no producen una ilusión completa, trasladan al espectador con un pequeño esfuerzo de imaginación á las praderas americanas del Oeste.

La segunda es una demostración brillante del dominio que sobre el caballo tiene el ginete americano, tanto el indio como el blanco.

Y la tercera, es una prueba de la habilidad que en el tiro de pistola, revólver y carabina, tienen los norteamericanos y especialmente el coronel Cody.

Constituía el primer número del programa de ayer el desfile de toda la compañía. Presentóse el grupo de los indios Arrapahos, con sus trajes de colores, la cabellara suelta, casi tendidos sobre sus caballos, á la carrera, formados en línea, dando aullidos, blandiendo sus armas, y después de dar una vuelta al redondel detuviéronse en medio, todos á una y con precisión admirable. Allá á lo lejos se vio aparecer á su jefe Black Heart (Corazón Negro), que fué recibido con gritos de júbilo por sus subordinados, y después de dar también una vuelta á la pista se detuvo junto á ellos.

Al mismo tiempo aparecía un grupo de vaqueros americanos seguidos del rey de los vaqueros, Buck Taylor, y practicaron la misma maniobra.

Así fueron desfilando el grupo de indios Brulé; su jefe Little Chiot; el grupo de la tribu de indios Cut Off; Bave Bear (Oso valiente), otro grupo de vaqueros mejicanos; el de indios Cheyenne; Eagle Horn (Cuerno de águila), su jefe; un grupo de muchachas del Oeste de los Estados Unidos; el vaquero más pequeño del mundo llamado Bennia Irving; los Boys Chiete, pequeños jefes del pais de los Siux; las banderas española y norte-americana; el grupo ds indios Ogallala Siux; su jefe Low Neck (Cuello Corto); Rockey Rear (Oso Rojizo) médico hechicero del pais de los Siux, según rezan los programas, Red Shirt (Camisa Roja) jefe guerrero del pais de los Siux, y por último el arrogante Buffalo Bill, ó sea el coronel Cody, que después de dar, montado en su brioso caballo, la vuelta de ordenanza á la pista, se paró de repente ante la presidencia y saludó quitándose el sombrero airosamente.

Mientras duró el desfile no cesaron ni un punto los gritos de los indios, que, con sus multicolores trajes, su rostro pintarrajeado, sus cabellos completamente negros y sueltos formaban un conjunto abigarrado y en extremo pintoresco.

Los aplausos del público demostraron el buen efecto que la había producido el desfila.

Una carrera de caballos entre ua mejica-no, un vaquero y un indio, y una pantomima en que se ponía á la vista el modo de conducir el correo en las regiones fronterizas de los Estados Unidos antes de la construcción de los ferrocarriles constituyeron los dos números siguientes.

Aunque en Barcelona estamos cansados de ver hábiles tiradores, arrancó aplausos con sus ejercicios de una precisión admirable, la señorita Annie Oakley.

Daba gusto ver á aquella niña, pues aspecto de niña tiene desde lejos, colocarse á seis ó siete pasos de la carabina; echar á correr al mismo tiempo que se le arrojaba al aire un objeto, cojer la carabina, disparar y convertir en cien pedazos el blanco.

El ataque, por los indios, de un tren de emigrantes es un cuadro que impresiona por su acción verdaderamente dramática, y que tiene por remate una nota elegante y sumamente agradable. Las chicas del Oeste y los vaqueros, para demostrar la alegría que les ha producido el haber derrotado á los indios, bailan á caballo los rigodones conocidos con al nombre de Virginia Reel.

Tiene también interés dramático, aunque hay que confesar que todas estas escenas en que se presentan episodios, tienen mucho de espectáculo, y por lo tanto la ilusión dista bastante de ser completa, el desafío de «Búffalo Bill» con Yellow Hand en presencia de las tropas ds los Estados Unidos y de las fuerzas de los indios rebeldes, después de haber andado á tiros unos y otros. Esta pantamima se refiere á un acontecimiento histórico en que fué principal actor el mismo «Búffalo Bill.»

La escena que en nuestro concepto tiene más sabor local, si así puede decirse, es la primera de las que en el programa son llamadas «Pasatiempos de los vaqueros». Consiste en tirar el lazo á una manada da caballos que figuran ser salvajes y que corren como flechas. En las otras escenas se ve más la hilaza, ó sea el estudio y la preparación, pero de todas maneras tienen gran mérito. Montan aquellos ginetes increíbles sobra los caballos indomables, se agarran fuertementa de piernas á los lomos, clavan las espuelas en los ijares, y ya puede botar, y encabritarse, y arrojarse al suelo, y revolcarse, el caballo: permanece el ginate pegado al animal y llega por fin á dominarlo por completo. Sucede á veces que el ginete cogido fuertemente á la cuerda es arrastrado por el caballo; otras en que cae debajo de este, herido, y sus compañeros tienen que levantarlo.

Otro de los números curiosos es el ataque de la diligencia Deadwood, por los indios y su derrota por las avanzadas y los vaqueros almando da «Búffalo Bill».

El vehículo que sa presenta, completamente desvencijado y en el que subieron varios señores del público y dos cow-boys, es célebre por los muchos asesinatos que en él se han cometido y por las celebridades que en él han viajado.

Según el programa, dos presidentes de los Estados Unidos, cuatro reyes y todas las personas reales que asistieron al Jubileo da la reina Victoria en Londres, se han sentado en este carruaje.

Produce verdadera emoción la carrera á caballo de dos mujeres indias. Montan á horcajadas como los hombres, se agarran como ellos fuertemente á los lomos y salan disparadas. El caballo no lleva silla, ni estribos, y sin embargo, aquellas amazonas parecen adheridas al bruto.

Sosos y monótonos, si se quiere, son los bailes del trofeo, de cabellera y de guerra que dan á conocer los indios; pero como son reproducciones exactas de las mismas danzas que se bailan en el Fart-vest, ó mejor las mismas, tienen todo el sabor local que se puede pedir.

La caza del búfalo, no obstante ser uno de los números más llamativos del programa, no resulta, á nuestro parecer, a mucho efecto. Casi es tan sosa como las danzas.

El joven tirador Johnne Bake, el tiro de pistola y de revolver y las carreras á caballoentre chicas americanas fronterizas, no ofrecen ninguna novedad, pero tienen extraordinario mérito por la precisión.

En cambio «Buffalo Bill» tirando montado á galope y con precisión suma, es una de las cosas más notables que darse pueden.

El ataque de un rancho fronterizo tiene también mucho de convencional; pero da una idea bastante exacta del sigilo y la audacia son que llevan á cabo los indios sus golpes de mano.

Termina el espectáculo con el desfile desordenado de tedos los indios, vaqueros y mejicanos. Formando tres círculos concéntricos, corren los ginetes en opuestas direccionas con rapidez vertiginosa, lanzando ahullidos salvages. Es de ver flotando al aire las plumas y las cabelleras de los indios, entremezclándose los brillantes colores de los trages, á los pálidos rayos del sol muriente. Parece imposible que no haya la más leve confusión, que puedan dar vueltas con la seguridad de una rueda sin que uno interrumpa un solo instante el paso del otro. Por fin, en informe pelotón regresan á las cuadras, sobresaliendo entre todos la varonil y gallarda figura de Búffalo Bill.

Al salir del cireo la concurrencia se desparramó por los campamentos para ver de cerca los indios que se mantenían encerrados en sus tiendas, asomando da vez en cuando la cabeza con el cebo de un cigarrillo.

A la puerta del hipódromo vimos vendedores de caña dulce y en el interior unos vendedores ambulantes ofrecían otro dulce preparado con granos de maíz y miel.

Un chiquillo piel roja que discurría entra la gente, tomaba los céntimos que le ofrecían con el mismo desenfado de un piel blanca. Por lo visto estos salvajes ya están fuera de la edad de ia permuta y comienzan á familiarizarse con la moneda.

Producía extraño efecto aquel campamento indio del Far-West trasladado á la izquierda del ensanche, y uno no sabía convencerse de que con tanta tranquilidad pudiéramos permanecer sin peligro al lado de los terribles cazadores de cabelleras.

La concurrencia que asistió al nuevo Hipódromo fue numerosa. No bajaría de siete mil personas.

La Vanguardia. Read on

Comentarios del compilador

Jean Chrétien Ferdinand Hoefer, Nouvelle biographie générale (1861), 1889/11/09:

Es ya un hecho la venida á esta ciudad de un espectáculo que ha llamado la atención durante la Exposición de París, la gran «Exhibition americanof Indian del Buffalo Bill.» Ayer salió para París uno de los directores de la compañía, que vino á esta ciudad para ultimar los contratos y disponer la venida de la gran compañía, que llegara el 25 del actual á esta capital.

El circo del darwinismo social, el martes que viene, Jean Chrétien Ferdinand Hoefer, Nouvelle biographie générale (1861), 1889/12/15:

Marsella, 15, 4’50 tarde.
El señor don Luis José Poggio se halla en ésta ultimando la marcha del vapor que ha de conducir á esa el «Buffalo Bill’s Wild West Company.»
Dicho vapor saldrá el lunes de ésta conduciendo 200 personas y 300 animales.
Llegará á esa el martes por la tarde.

Opina Jean Chrétien Ferdinand Hoefer, Nouvelle biographie générale (1861):

DE NUESTRA COLABORACIÓN PARTICULAR

BUFFALO BILL

Uno de los espectáculos que más llamaron la atención en París durante el período de la Exposición Universal fue el que con el nombre de Buffalo Bill podremos ver ahora los barceloneses en el hipódromo ad hoc levantado en la izquierda del Ensanche. Hace bien el barcelonés que no se mueve de su casa; todo viene al fin a parar aquí, y cuando la montaña no va á Mahoma, Mahoma va á la montaña. No parecía de esperar que el empresario del coronel Cody, primer actor y jefe de la cuadrilla, quisiese tentarla aventura en nuestra ciudad, y aún pudiera ser que saliese con las manos en la cabeza. No sé si hay aquí público suficiente para llenar durante cinco semanas, ó sea treinta y tantas tardes, un hipódromo tan vasto como el que requiere el espectáculo del Buffalo Bill, y para pagar siquiera el gasto material de la exhibición, tratándose como sa trata de una cuadrilla numerosa que trae consigo una récua considerable de caballos y de bisontes y una impedimenta no pequeña. La temporada tampoco parece la más favorable. Precisamente coje lo más crudo del invierno, y aún pudiera ser que perjudicase la misma originalidad del espectáculo, pues no parece que los pieles rojas de la compañía, machos y hembras, hayan de estar de humor, con un frío de pocos grados sobre cero, para lucir las carnes que les dio Dios, y que ellos pintorrearon de la manera más estrafalaria que quepa imaginar.

Y sin embargo, fuera de sentir que el espectáculo abortase por falta de público, tanto por lo que tendría de escarmiento para otros futuros empresarios de novedades, cuanto porque merece la pena da verse.

Predomina en él la nota pintoresca y tiene un aspecto hasta instructivo, no tanto como pretendían los folletos reclamos que en París espendía la empresa y espenderá aquí sin duda, más si lo suficiente para que aun las personas que pretenden de serias y que no admiten lo dulci sin lo utile puedan salir complacidas pensando que han visto en acción auténtica unas cuantas ilustraciones vivientes de un tratado de etnografía.

Los cuadros que representa la compañía de Buffalo Bill son reproducciones de los episodios de la vida de la frontera en la región que al Oeste de los Estados Unidos europeos ó dígase civilizados, encierra los restos de las antiguas tribus indígenas, sucesoras de la población pre-colombiana, las tribus de los Pieles-Rojas con sus Algonquinos, Iroqueses, Chipeguays, Menomonios, Dacotas, Apaches y otra porción de barbaridades por el estilo. Restos y menguados son los que quedan ya de aquellas tribus. Los anglo-sajones del Norte-América no se han andado con ellos con chiquitas; una larga guerra, ó guerrilla, de esterminio ha ido acabando día tras día con aquellos salvajes que defendían su civilización de la civilización absorbente é implacable de la raza blanca. Esa decantada historia de la civilización trae sus capítulos algo manchados en sangre. El mito del progreso, la gran camama de la historia del mundo, viene sacrificando razas y pueblos desde que la tierra es tierra, y la especie fuerte va saciando la fatal voracidad de sus apetitos colectivos con los despojos de las especies menos fuertes. El hombre blanco, ó mejor, la humanidad blanca es realmente la reina de la creación terrestre, pero reina á cuyos festines han da traer sus carnes todos los demás seres del reino animal. El filósofo de corazón se siente aterrorizado ante esa ley que va sacrificando á las fatalidades de la naturaleza el bienestar de millones da individuos para quienes, á pesar de ser negros, amarillos ó cobrizos, también es patria el pedazo de tierra en que vivieron sus abuelos.

Pero dejémonos de lamentaciones estériles, que al fin y á la postre tampoco nos las habrían de agradecer la treintena de Pieles-rojas que trae consigo el coronel Cody y que hace maniobrar en sus espectáculos.

Las señales todas que ofrecen los talas Pieles son de autenticidad, una de las autenticidades que en París podían verse, porque no era oro todo lo que relucía, y había, sobra todo en materia de mujeres, cada salvaje de faubourg aderezada para las circunstancias, que uno no sabía á qué atenerse cuando daba con lo verídico.

Auténticas serían también las danzas y simulacros de costumbres que representaban, y representarán aquí probablemente, aquellos apreciables pieles-rojas, y de su autenticidad respondía lo monótono y tonto, aunque singular y característico de la pantomima. Pero en cambio, la parte que cabe llamar ecuestre y bélica no sólo era singular y característica sino animada y vibrante como pocos espectáculos. Ver á caballo, tendidos cuasi sobre el cuello del animal á la carrera, las piernas clavadas materialmente en los ijares, sueltas las ásperas cabelleras, gritando, blandiendo sus armas arrojadizas, á aquellos veinte y cinco ó treinta monos pintarrajeados de todos colores, al aire las carnes, constituye un espectáculo brillantísimo, y da alga como calofríos de pensar en la suerte del pobre europeo que allá en las pampas-salvajes diese de manos á boca con la infernal mascarada.

El espectáculo, además, aparece sazonado por una pequeña acción dramática: ora el ataque de una choza ds blancos hacia la cual se arrastran sigilosamente como culebras unos cuantos merodeadores hasta asaltarla, trabándose entonces rudo combate en el cual se mezclan los auxiliares de uno y otro bando, con ácompañamiento de estruendosa fusilería; ora el asalto de la diligencia de Deadwood, la auténtica según rezan les carteles; ora la sorpresa de un convoy de emigrantes; ora, en fin, otros episodios análogos á cual más pintorescos y plásticos.

En ellos toma parte, venciendo siempre como es regular, la cuadrilla blanca de cow-boys, colonos, pastores ó vaqueros que representan en las funciones de Buffalo-Bull la raza invasora. Poco menos salvajes probablemente que los enemigos que combaten, traen consigo la superioridad intelectual y material del blanco, excitada por las astucias de la lucha y por el temperamento aventurero que les empuja á ella. Da calofrió al blanco pensar en encontrarse con una horda de pieles-rojas; pero francamente, puesto en la piel ds un idem-roja, no ha da ser muy del gusto topar con una partida de aquellos desalmados representantes y portadores de la civilización.

Uno de los números curiosos y brillantes que representan los cow boys de Buffalo-Bill es la caza del caballo salvaje. Allí se ve realizado el tipo mitológico del centauro, mitad caballo y mitad hombre. Parecerá imposible a nuestros sportman de Parque y Paseo de Gracia que el hombre pueda agarrarse al caballo como se agarran aquellos ginetes. En vano apura el bruto, una vez cogido con el lazo, todo el repertorio de botes, saltos de carnero, ampinaduras, coces, cabezadas, basta tirarse y revolcarse por la pista. El cow-boy, como adherido al bruto, salta, se empina, cae, se levanta con él sin riendas, sin silla, sin estribos, sin nada. Al fin el caballo se rinde subyugado. Alguien dirá á aquello comedia y ejercicio preparado y estudiado, pero, francamente, para ensayar tan peligrosa comedia hay que estudiar y saber tanto como para representar la verdad.

Hay también entre, ellos, y en esto como en los demás ejercicios es maestro el coronel Cody, habilísimos tiradores. Entre otros ejercicios ejecuta Buffalo Bill, ó sea el coronel, uno que parece que ha de ser muy difícil y que consiste en ir al galope disparando y tocando unas patatas que otro que también al galope le precede va arrojando velozmente al aire. Rara vez yerra el tirador.

Otro cuadro, finalmente, se representa, y es la caza del bisonte. Sale furiosa una manada de ellos, y en su persecución, á caballo, indios y blancos. El revoltijo es sumamente animado, y los gritos y los mugidos y los disparos dan al conjunto un aspecto de verdad que seduce. Realmente, forzando un poco la imaginación, el espectador llega á creerse en las llanuras del Tejas ó en las orillas del Mississipi asistiendo á una cacería salvaje.

Ayudaba á la ilusión en París,—supongo que aquí harán otro tanto,—la instalación de la compañía en tiendas ó chozas imitadas á las auténticas, en las cuales viven en encantadora promiscuidad civilizadores y civilizados, rendidos los odios comunes ante el cebo del también común negocio.

Vale más así que andar á tiros por aquellos andurriales vírgenes del Far West.

JUAN SARDÁ.

Llegan mareados:

BUFFALO BILL’S WILD WEST

A las ocho de la mañana han comenzado á acudir los curiosos al muelle con objeto de presenciar la llegada y desembarque de la compañía Buffalo Bill’s Wild West.

El vapor, sin embargo, no ha llegado hasta las diez. A las once ha atracado junto á la estación de Villanueva y pocos momentos después ha empezado el desembarque. Algunos cow-boy con su sombrero gris de ancha ala, y á cuyo frente iba el arrogante coronel Cody, y algunos caballos de raza americana han sido los primeros en desembarcar. A los pocos instantes gran número de pieles-rojas, envueltos en mantas encarnadas, grisas ó azules en cuya parte media se vé una faja blanca adornada con cruces y otras figuras de color, descubierta la cabeza da luenga y negra cabellera, pintado, algunos, el rostro de amarillo, han hecho lo mismo.

El muelle presentaba un aspecto por demás pintoresco, y aún más el buque, que traía desplegadas la bandera española y dos norte-americanas, y en cuya cubierta se veían confundidos los blancos con los pieles-rojas, y los caballos con los búfalos fuertemente atados por las piernas y los cuernos.

En el andén se veían las cajas destinadas á transportar los búfalos y bisontes.

Las pieles rojas acamparon en el muelle y allí se sentaron la mayor parte en cuclillas. Los caballos eran subidos en la cubierta en una robusta caja por medio da una grúa.

Como en el desembarque se procedía tan despaciosos ha sido imposible detenernos por más tiempo allí, para poder dar la noticia da la feliz llegada de los Buffalo Bill’s, cuyos pieles rojas a pesar de no tener expresión alguna en el rostro tenían aún marcado el sello del mareo.

Un anuncio, también en Jean Chrétien Ferdinand Hoefer, Nouvelle biographie générale (1861):

BUFFALO BILL’S WILD WEST
Nuevo hipódromo, esquinas calle de Aribau y Rosellon. Entrada principal, calle Montaner. Barcelona-Gracia.-Gran Exhibición Norte-Americana de las animadas escenas y costumbres de la vida de los indios fronterizos.
Todas las tardes á las dos y media.-Por cinco semanas solamente.
Entrada, ptas UNA. Asientos reservados: pesetas 1’10. Ptas. 3’10. Ptas. 4’10. Ptas. 5’10.

Diezmados por enfermedades, se consolan comiendo un (1) pavo entero, según [ref1212]:

In Barcelona, Annie was shocked to hear some Spaniards standing outside the gate at the Wild West kitchen, fighting over the garbage. She hopped up on a box and looked over the fence – and never forgot what she saw. «Back from the rubble,» she wrote in her autobiography, stood a woman with a tear-stained face. «Oh, I came too late and Carlos will starve,» the woman was saying in Spanish. Annie Oakley motioned for the woman to be quiet and to come around the corner of the fence. Annie filled a basket with food for her and sent her on her way. Each day the woman came back, Annie said, «to slip out again with a bounteous basket under her shawl.»

The stand in Barcelona turned into a nightmare. The city was stricken with what became known as the Spanish flue, and members of the Wild West troupe, including Annie and Frank, suffered with diseases described variously as flu, smallpox, and typhoid. Orator Frank Richmond became ill and died in Barcelona on a day that Frank Butler called «one of the saddest» of his life. Though ill himself, Frank got out of bed and made arrangements to return Richmond’s body to America.

Christmas came, but the Wild West was under quarantine and still holed up in miserable Barcelona. According to Annie, Frank and Johnny Baker tried to cheer up the company by buying a Christmas turkey. They walked to a store and astounded the grocer by ordering a whole bird and not just a leg or a wing. The grocer thought that no one had enough money for a whole bird. «The miracle of the loaves and fishes was repeated this Christmas day in the camp of Buffalo Bill,» Annie wrote. Every sick man and every homesick cowboy was given a piece of turkey. «What was left of that turkey,» she wrote, «wouldn’t have served a gnat for dessert.»

Hay un desfile:

Conforme anunciamos, la hueste de indios y mexicanos del Buffalo’s Bill, montados á caballo, recorrieron … las principales vías de nuestras ciudad, acompañados de su charanga. Inútil decir que esta exhibición gratuita de los habitantes del Far-West despertó la curiosidad del vecindario.

Y luego se van a Italia, donde recuerdan la pobreza en España, y la afición universal por el dinero falsificado (Cataluña (18/05/1890) via [ref4179]):

In Spain we did not do well, for we were there during the influenza, and who could have done business then? The Italians are poor, but they are nothing compared to the Spaniards. Countries where a little bit of a coin like this centime, a fifth of our cent, is in circulation must be poor countries. In the west our smallest coin is 25 cents, or one hundred and twenty-five times one of these, and we call ours a ‘bit.’ What would the boys call that? We like the Italians of the upper classes, who are very polite, but the lowest classes are mean and not to be trusted. Of course one has to excuse a great deal, as they have not much education. Yes, we did have a good deal of counterfeit money passed on us in Barcelona, but it didn’t make much difference, for in Spain the banks trade in counterfeit money, and we took ours to a banker and sold it!

Chiste barato y antipático del editor: Toro Sentado no vino con Buffalo Bill a Barcelona, y cuando llegó fue al hotel y el receptionista le preguntó, «Pero, ¿tienes reserva?»

https://oreneta.com/kalebeul/2010/11/15/buffalo-bill-first-vendor-of-palomitaspopcorn-in-spain:

[…] Vanguardia in 1889 re Buffalo Bill’s Wild West in Barcelona: A la puerta del hipódromo vimos vendedores de caña dulce y en el interior unos vendedores […]

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Tags y explicaciónes

  • Amerindio (1)
  • Annie Oakley (1) Phoebe Anne Oakley Moses (Condado de Darke, Ohio, 13 de agosto de 1860 – Greenville, Ohio, 3 de noviembre de 1926) fue una tiradora que participó durante diecisiete años en el espectáculo de Buffalo Bill que recreaba escenas del viejo oeste.
  • Archipiélago de Tierra del Fuego (1) El archipiélago de Tierra del Fuego está situado en el extremo meridional de América del Sur entre los océanos Atlántico, Pacífico y el Antártico.
  • Asistencia sanitaria (25)
  • Barcelona (1603)
  • Barco de vapor (13)
  • Bisonte (1)
  • Buffalo Bill (1) William Frederick "Buffalo Bill" Cody (cerca de Le Claire, Condado de Scott, Iowa, Estados Unidos; 26 de febrero de 1846 – Denver, Estados Unidos; 10 de enero de 1917), conocido en español como Búfalo Bill, fue un explorador ("scout") estadounidense, cazador de bisontes y hombre de espectáculos.
  • Caballo (18)
  • Charles Darwin (1) Charles Robert Darwin [ tʃɑrlz 'dɑː.wɪn ] (12 de febrero de 1809-19 de abril de 1882) fue un naturalista inglés, reconocido por ser el científico más influyente (y el primero, compartiendo este logro de forma independiente con Alfred Russel Wallace) de los que plantearon la idea de la evolución biológica a través de la selección natural, justificándola en su obra de 1859 El origen de las especies con numerosos ejemplos extraídos de la observación de la naturaleza.
  • Circo (6)
  • Cristóbal Colón (8)
  • Cultur (1)
  • Cultura tolteca (1) La cultura tolteca es una de las culturas precolombinas de Mesoamérica.
  • Darwinismo social (1) El darwinismo social es una teoría social que defiende que la teoría de la evolución de Charles Darwin tiene aplicaciones sociales en instituciones humanas.
  • Distrito del Ensanche (14) El Ensanche (en catalán y oficialmente Eixample) es el nombre que recibe el distrito segundo de la ciudad de Barcelona, que ocupa la parte central de la ciudad, en una amplia zona de 7,46 km² que fue diseñada por Ildefonso Cerdá.
  • Estaciones del año (25) Las estaciones son los periodos del año en los que las condiciones climáticas imperantes se mantienen, en una determinada región, dentro de un cierto rango.
  • Estados Unidos (15)
  • Evolucionismo social (1) El evolucionismo social es el término que define los cambios que se dan una sociedad a través de la historia, haciéndose cada vez más compleja.
  • Fiebre tifoidea (2)
  • Gripe (1)
  • Hambre (8)
  • Invierno (7) El invierno es una de las cuatro estaciones de clima templado.
  • Joan Sardà i Lloret (1) Joan Sardà i Lloret (Sant Quintí de Mediona, 1851 - Barcelona, 1898) fue un traductor y crítico literario español.
  • John Tanner (1)
  • Llegada del hombre a América (1)
  • Mar Mediterráneo (73)
  • Marsella (9)
  • Mexica (1) Los mexicas (náhuatl mēxihcah [meː'ʃiʔkaʔ] 'mexicas' ) —llamados en la historiografía tradicional aztecas — fueron un pueblo mesoamericano de filiación nahua que fundó México-Tenochtitlan y hacia el siglo XV en el periodo posclásico tardío se convirtió en el centro de uno de los Estados más extensos que se conoció en Mesoamérica, asentado en un islote al poniente del Lago de Texcoco hoy prácticamente desecado.
  • Miel (1)
  • Muelle (construcción) (34)
  • Nación Delaware (1) La nación Delaware, a veces llamada La Ausente o Tribu Delaware Oriental, es una nación aborigen estadounidense, reconocida por el Gobierno Federal de los Estados Unidos de América, una de las dos tribus organizadas de indios Delaware, junto con la tribu de los indios de Delaware con sede en Bartlesville (Oklahoma).
  • Palomitas de maíz (1) Las palomitas de maíz son un aperitivo elaborado a base de algunas variedades especiales de maíz.
  • París (27)
  • Paseo de Gracia (14) El paseo de Gracia (en catalán Passeig de Gràcia) es una de las avenidas principales de Barcelona y una de las avenidas más famosas de Cataluña, debido a su importancia turística, áreas comerciales, negocios y un gran escaparate de destacadas obras de arquitectura modernista, como las edificaciones de los arquitectos Antoni Gaudí y Lluís Domènech i Montaner, declaradas Patrimonio de la Humanidad.
  • Patata (4)
  • Pavo (10)
  • Pobreza (1)
  • Puerto de Barcelona (103)
  • Reyes Católicos (20) Los Reyes Católicos fue la denominación que recibieron los esposos Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla, soberanos de la Corona de Castilla (1474-1504) y de la Corona de Aragón (1479-1516).
  • Sioux (1) Los sioux, también llamados siux, dakotas, nakotas y lakotas, son una tribu de nativos americanos asentados en los territorios de lo que ahora son los Estados Unidos y sur de las praderas canadienses.
  • Toro Sentado (1) Tatanka Iyotanka (en lakota: Tȟatȟaŋka Iyotȟaŋka), más conocido como Toro Sentado (en inglés Sitting Bull, Grand River, Dakota del Sur; ca.
  • Transporte público (42)
  • Vaquero (1)
  • Viejo oeste (1)
  • Viruela (1)

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