29 de octubre de 1901 - Bendición e inauguración oficial del funicular del Tibidabo (462)


Estación inferior del Funicular del Tibidabo. Edificios modernistas alineados a la derecha. Imagen: CC Vicens Tort Arnau.

Ayer por la tarde se verificó la bendición é inauguración oficial del ferrocarril funicular al Tibidabo.

Al acto asistió numerosa y selecta concurrencia.

A las dos y media el Cardenal, doctor Casañas, llegó á la avenida que desde el paseo de la Bonauova conduce á la estación del funicular, é inmediatamente en unión de los representantes de la compañía explotadora tomó asiento en uno de los tranvías eléctricos que conducen á la indicada estación.

Una vez en esta, se trasladaron buen número de invitadas á uno de los coches del funicular, que pronto ascendió hacía el Tibidabo.

Desde lo alto de las márgenes que flanquean el camino que recorre eí ferrocarril, fue muchísimo el gentío que contempló su paso.

Ya en la meseta de llegada, descendió la comitiva, siendo recibido respetuosamente el señor cardenal por las numerosas personas que allí esperaban, y que se inclinaban, besándole el anillo pastoral, mientras la Banda municipal le saludaba á los sones de la marcha real.

El cortejo se trasladó á una de las dependencias de la estación que había sido habilitada para capilla.

El señor cardenal, doctor Casañas, revistióse de capa pluvial y mitra, siendo asistido por los canónigos doctores Cortés, Robert y Pibernat. Seguidamente, en unión del clero de la Bonanova y cantando laa preces de rúbrica, la comitiva dio la vuelta por los alrededores de la estación, que bendijo el doctor Casañas.

Una vez da regreso en la capilla, el cardenal dirigió sentidas frases á los concurrentes, para felicitarse de que se hubiera reclamado el ooncurso de la Iglesia en la fiesta que se celebraba.

Entre otras cosas, dijo, acto seguido, que andan equivocados los que creen que la Iglesia está reñida con el progreso, y que la Historia demuestra que muchos de los inventos han sido felizmente descubiertos por el clero.

«Les diría, indicó el cardenal, que no hay antagonismos entre la fe y la ciencia, pues ambas proceden de Dios. Depende la equivocada idea que se tiene de ello de dos causas: de que no conocen á fondo la religión ó de que equivocadamente pretenden tener conocimiento de nuestros misterios.»

Cuando terminó de hablar el señor Obispo se entonó un solemne Te-Deum, terminado el cual los más de los invitados tomaron por tandas el el ferrocarril de regreso.

Muchos de los invitados se lamentaron de la desorganización que reinó en el acto referido, y aún eso no fue lo más desacertado, sino que para que en el ferrocarril de regreso y en el tranvía eléctrico, también de regreso, tomara asiento el elemento oficial y los señores accionistas, se obligó á distinguidas damas á desalojar aquellos.

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