15 de August de 1890 - Un inquilino da las llaves a un clan de gitanos para vengarse del propietario (356 + 6)


Estéreotipo de los gitanos de Barcelona, a 8 días de Domingo de Pascua, 1886. Imagen: La Esquella de la torratxa.

En un segundo piso de una casa de la Ronda de San Pedro, inmediata á la plaza de Urquinaona, vivia un matrimonio que por una ú otra causa se indispuso con el propietario de la finca, y éste intentó echarles del piso, subiéndoles á 42 duros el precio del alquiler, siendo así que no pagaron hasta entonces más que 21.

El inquilino comprendió perfectamente el propósito del casero, y aun cuando juró tomar su revancha, se dispuso á satisfacerlo, mal de su grado, desalojando la habitacion.

Así las cosas, sorprendió el viérnes por la mañana á los vecinos de la casa en cuestion ver llegar un grupo de gitanos, del cual formaban parte hombres, mujeres y niños, en número de más de 20, acompañados de sus caballos y carretas.

El grupo comenzó á descargar jergones y otros trastos, traslándolos á la habitacion á que nos referimos.

Era la venganza. El inquilino tenia pagado por adelantado un trimestre, y como faltaran aun más de dos meses para su vencimiento, proponíase proporcionar albergue durante aquel tiempo á varios individuos de estas tribus errantes que abundan en los alrededores de [la] ciudad.

Los nuevos inquilinos, tranquilos y satisfechos, acordaron toma posesion de la casa, saliendo á los balcones y galerías con sus trajes súcios y descompuestos, y llamando no poco la atencion de los vecinos.

El apuro del propietario fué mayúscula, y recurrió al gobernador para despachar á los gitanos. Pero dicha autoridad contestó que nada podia disponer sobre el particular.

Era cosa de ver la alegría de los chicuelos allí alojados, que acariciaban con sus manos el papel de las habitaciones y se encaramaban por los hierros de la galeria, pretendiendo saltar á las casas contiguas donde veían jugar algunos niños.

Una comision de vecinos de la calle de Fontanella visitó al propietario, pidiéndole arrojase á los gitanos, y el casero, en tal aprieto, no solo devolvió al inquilino la cantidad que tenía adelantada, sino que hasta le añadió una suma en concepto de indemnizacion.

Y así terminó este incidente que durante todo el dia fué tema obligado de conversacion entre aquel vecindario.

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