9 de August de 1939 - La Vanguardia: el Segundo Gobierno nacional de España (509)


"La oración de Barcelona por Franco": una multitud escucha el oficio fúnebre en la Plaza Nueva. Imagen: La Vanguardia.

El glorioso Caudillo que la Providencia ha deparado a España no tiene en su alta, inteligente e intensa labor un instante de reposo, y si su genio militar asombró al mundo con la rotunda victoria, merced a la que arrancó la Patria de torpes y criminales manos extranjeras, su perspicacia política, acoplando a cada problema la más justa1 y adecuada solución, revela también con meridiana claridad un tino y una seguridad tan extraordinarios, que abren, en venturosas perspectivas, los cauces por los que la nación ha de ir, sin obstáculo alguno apreciable, a desembocar derechamente en el Imperio que todos anhelamos.

Y si cada día tiene su hora y cada hora su afán, llegó el momento en que se hacía preciso reorganizar la Administración Central del Estado para que, dentro de la paz que dichosamente gozamos como consecuencia de la rotunda Victoria, rinda aquélla la eficacia que exigen las necesidades de los tiempos modernos y demanda inexorablemente la Revolución Nacional Sindicalista en pleno y triunfal laborar. Por apremios de tiempo, muy a la ligera hemos saboreado la interesante y certera reforma, nuncio de un porvenir magnífico, y hemos de destacar con júbilo que en la medula de la misma advertimos una intervención personal y directa en el Gobierno, máximo rector del Estado, del propio glorioso Caudillo. Ello llenará de inmensa satisfacción a España entera, ya que, cuanto venga de su cerebro y de su corazón —cerebro para acertar y corazón para dedicar a la nación los amores más fervorosos— ha de servir mejor que nada al engrandecimiento de la Patria Una, Grande y Libre, que primero nos ofreció y luego nos dio, poniendo para ello a contribución, sin el paréntesis de un solo instante, todas las potencias de su alma generosa, firme directriz de una vida austera y ejemplar, desposada de continuo con el éxito, y no por embates de la fortuna, sino por merecimientos tan conocidos que nadie, ni la misma soez República, ni el propio y criminal Frente Popular, osó poner en duda.

En este resurgir de España, cuando tras la guerra triunfal llegó la paz anhelada, era inexcusable y preciso acometer la reorganización de la Administración Central del Estado, en la forma y circunstancias que la Ley que a continuación publicamos, ha salido de las manos del insigne Jefe del Estado. Léase con detenimiento, medítese con serenidad, y todo español que así lo haga, dedicará a la nueva prueba del talento del Caudillo las sinceros elogios que merece. Pues si es verdad incuestionable que España debe a Franco la alcurnia internacional que su espada victoriosa le devolvió, no lo es menos que a la sazón, en la paz tan brillantemente por él conquistada, le debe el aureolar esplendente de un porvenir luminoso y feliz. Y porque así es. terminamos estos renglones diciendo: ¡Franco! ¡Franco! ¡Franco! ¡Arriba España! ¡Viva España!

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