Guillermo Filiberto Duhesme &c.
Visto el considerable número de mendigos y de gentes ociosas que se encuentran en las calles de Barcelona, decreta lo siguiente:
ART. I. Toda persona del uno ó del otro sexo, que sin ser estropeada ó lisiada, ni sexâgenaria, se encuentre mendigando dentro de la Ciudad, será arrestada y expelida de ella.
ART. II. Todo el que despues de haber sido expelido de Barcelona, se hallará haber vuelto y continuará en pedir limosna, será de nuevo arrestado, y ademas embarcado para ser exportado.
El General Comandante Superior, el Comandante de Armas y el Comandante General de Policía quedan encargados de le [sic] execucion de este Decreto.
Hecho y decretado en el Quartel General de Barcelona á 16 de Febrero de 1809.=G. Duhesme.
Por copia conforme = El Comisario General de Policía = R. Casanova.
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Decreto por el qual se manda sacar de Barcelona á la fuerza á todos los mendigos
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Numerosas detenciones por negarse a jurar lealtad a los franceses
Arrest of the persons in office at Barcelona for refusing the oath.
St. Cyr himself remained some three weeks in Barcelona. From the depôts of the Spaniards, which in the course of this successful campaign had fallen into his hands, he had supplied the garrison of that city with grain, pulse, and salt for three months’ consumption: but there was not enough ammunition for a fortnight’s siege. Of being formally besieged indeed there was not now even the remotest danger; but from within there was sufficient cause for inquietude. The honourable feeling of nationality, for which the Catalans are eminently distinguished, was in no part of the principality stronger than in its capital. At this very time Barcelona had two tercios of Miquelets in the field, raised among its inhabitants, and paid and clothed by them. The individuals of those regiments, having no uniform by which they could be recognised, used to enter the city fearlessly whenever it suited them, for the purpose of visiting their friends, raising recruits, and receiving money or clothing: nor was it in Duhesme’s power, with all the vigilance, and it may be added, all the villany of his police, to detect a single person in this practice; so unanimous were the Barcelonans in their detestation of the intrusive government, and so well was the secret kept. That police was continually reporting to Duhesme and Lechi, and these again to the Commander-in-chief, the existence of conspiracies which they had discovered, but the members of the police were men of such character, that St. Cyr suspected these schemes to be suggested by their agents, if they were not mere fabrications, brought forward for the most nefarious motives. Now, however, that he was on the spot, he allowed Duhesme to exact an oath of allegiance to the Intruder from all the public functionaries, and from the Spanish soldiers who had been disarmed after the treacherous seizure of the place. Sunday was the day chosen for this act of oppression. They were summoned to the house of the Royal Audience, which was surrounded with horse and foot, and 3000 troops were drawn up on the esplanade and the sea-wall; the display and the actual force being necessary to keep down the indignation of a generous and most injured people. Every member of the Audience refused thus to disgrace himself and betray his country; only one of the Relatores took the oath, and only three of the numerous persons employed in the inferior departments. The French were not more successful in tempting the military. Persuasions and promises availed as little as the threat of immediate imprisonment. The Contador Asaguerre told Duhesme, that if all Spain were to acknowledge Joseph, he would expatriate himself. The French executed their threat. Nine-and-twenty of these honourable Spaniards were sent prisoners, some to Monjuic, others to the citadel. The people, undeterred by their strong escort, followed them as in procession, cheering them as they went, and promising that their families should be well provided for during their imprisonment. Many others were put under arrest in their own houses, and the whole of the military were, by St. Cyr’s orders, marched with the prisoners of war, under convoy of Lechi’s division, as far as the Fluvia, where Reille received and sent them into France: and by Lechi’s return the commander-in-chief received the first intelligence from that country which had reached him since he crossed the Fluvia himself, . . five months before. His last remaining anxiety was for the provisionment of Barcelona; and that was removed soon afterward by the arrival of a squadron from Toulon, which had the rare good fortune to reach its destined port and return in safety. The place was thus amply supplied with military stores as well as provisions, and the siege of Gerona then became the only object of the French.
[I don’t know which Sunday in April is referred to here]
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Por primera vez se ríe de la rogación por la lluvia
This system [of pleas to heaven for rain] operated with no substantial changes, except during times of wars (sieges), when the ceremonies could not go outside the town itself. Problems appeared in the city following the French occupation during the Napoleonic Wars and the introduction of anticlerical and liberal concepts. On the 9th of April 1812, the first case of mocking of a public pro pluvia rogation was recorded. The record is critical of this mocking, but itself measures the effectiveness of the rogation by the use of a barometer: «It has rained this morning most abundantly, thanks be to God, in such a manner that the Barometer indicates Showers. In the afternooon, and prior to the Rogations, [the rain] has continued to fall lightly.» [Ms in UB, Raimundo Ferrer, «Barcelona Cautiva»]
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Alegria y peleas al firmarse la retirada francesa
[Firmado Habert, general de división y gobernador de Barcelona, y Debains, coronel jefe de estado mayor. Orden del día 26/4/1814:] A consecuencia del armisticio arriba expresado, todas las hostilidades cesarán desde hoy 26 de abril, entre las tropas que componen la guarnicion de Barcelona y de sus fuertes, y las tropas españolas ó inglesas que forman su bloqueo.
A la noticia de tan interesante nueva suspendiéronse los trabajos, abrazáronse unos a unos á otros los habitantes de Barcelona, dando gritos de «¡viva España! ¡viva la paz!» y colmóse de vitores y obsequios á algunos militares españoles que se introdujeron en la ciudad. Tan súbito contacto entre individuos de uno y otro ejército, enemigos encarnizados pocos dias antes, debia producir lamentables consecuencias. Asi fué que á las pocas horas, un lance desagradable ocurrido entre oficiales franceses y españoles en un café, obligó á Habert á providenciar severamente que volviesen á su campamento acto continuo, y aun á alguno, para facilitar el mas cumplimiento de la órden, se le puso el caballo y el equipaje fuera del recinto. Los operarios que por cuenta del invasor trabajan en las fortificaciones, fueron despedidos aquel dia. Retiráronse acuadrillados por el Born, cantando, bailando, y vociferando contra los afrancesados, á uno de los cuales, el comisario de policia Pi, persiguieron á golpes.
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Los restos del ejército francés pasan por Travesera (de Gracia) camino de casa
En [Barcelona] entraron el dia 8 de mayo los gefes de artilleria é ingenieros, á fin de tomar inventario de los materiales de guerra existentes en la plaza y sus fuertes. El ejército aliado se reunió todo en el Llobregat á mediados de mayo, tanto para oponerse al paso, por dentro de la capital, de las tropas francesas que habian salido de [Tortosa, Peñíscola y Murviedro], como para solemnizar la ocupacion de la ciudad de los condes. Pasó esta fuerza por la Travesera el 25, con direccion á Francia, viéndose los desafectos españoles que habian tomado partido por los invasores y que les seguian á su pais, para no esperimentar peor suerte en el que tanto ofendieron, obligados á esconderse en el fondo de sus carruages, á fin de guarecerse de los insultos y otros malos tratos del paisanage, sin que se esforzasen mucho en impedirlo los mismos franceses que aparentaban escoltarlos, antes sirviéndoles de bulla y diversion.
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Sale el ejército francés y entran elementos del hispano-británico, incluso el Héctor de San Andrés; linchamientos y detenciones de traidores como un cierto Pujol
El 27 verificóse el relevo de todas las guardias de la ciudad y fuertes, en medio de un viento cual no habia memoria de otro tan espantoso, acompañado de espesa lluvia. El dia antes llegó á Habert una órden de Luis XVIII, para que á las 48 horas se hallase ya camino de la frontera. A las cinco y media de la madrugada del 28 acabó de desfilar por la puerta de D. Cárlos el ejército francés, no entregando su gefe hasta última hora los badajos de las campanas: tanto les tenia acobardados el tañido de las mismas. Un cañonazo disparado del fuerte de D. Cárlos anunció que acababa de salir el último soldado de la tropa invasora, y al punto se hizo salva real en las demás fortalezas.
A las diez entró al frente de su brigada por la puerta Nueva el invicto Manso, yendo por el centro del paseo de S. Juan á guarnecer la Ciudadela, de la que era nombrado gobernador, y cuyo punto ocupaban ya desde las tres de la madrugada, en que entraron por la puerta del Socorro, algunas compañias de su mando. El pueblo le acompañó en triunfo, gritando con el mayor entusiasmo: «¡Viva D. José Manso!» Inútilmente se esforzaba el héroe catalan en suplicar que no se diesen mas vivas que á España y á Fernando: su nombre era tan grato como éstos al arrebatado y numeroso gentio que le rodeaba. A la misma hora entraron por la puerta de Santa Madrona las divisiones de Sarsfield y Llauder. Este último nombrado gobernador de Monjuich, subió al castillo despues de revistada la columna en la muralla del Mar y Rambla, en donde arengó Sarsfield á la tropa concediendo perdon á los desertores que se presentasen.
Numerosas patrullas pasaron en seguida á prender á los que habian sido empleados de los enemigos. Adelantóse á ello el populacho, apedreando las casas de los afrancesados y á cuantos encontraba por las calles ó mal escondidos. Quiso guarecerse uno de ellos en una casa frente de la Aduana, donde protegiéndole un oficial español, fué conducido arrestado á la guardia de la puerta de Mar, en medio de afrontosos insultos. Sufriólos tambien en la Rambla D. Antonio Vago, tachado de amigo ó pariente de Godoy y ex-contador de ejército francés, el cual fué arrestado en el convento de la Trinidad. Capturóse tambien á un lego agustino, al verdugo y á dos paisanos, vulgarmente apellidada de los Jusepets, se presentaron de rejas á dentro, temerosos de mayor mal. Otros mas comprometidos habian intentado fugarse por mar, pero volviéndoles el huracan al puerto, acudió allá la multitud, y apelando á las piedras, descalabró á un ex-polizonte. Todavia fueron por la noche reducidos á prision los ex-adjuntos de la mereria D. José Pujol y D. N. Mercader, junto con los PP. Llosada y Malet. Posteriormente y en distintos puntos del principado, fuéronlo igualmente los intrusos canónigos Postius y Sopena, con otros varios.
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Funerales para Mariano Álvarez de Castro, defensor de Gerona
Solemnes funerales mandados celebrar por el rey D. Fernando VII á la memoria del teniente general D. Mariano Alvarez de Castro defensor de Gerona durante la guerra llamada de la Independencia. El cadáver fue conducido al efecto desde Gerona á Barcelona.
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Estragos de la fiebre amarilla debidos a la falta de cuarentena
Letter from Docter Pariset, Barcelona,
Yes, the disease that desolates Barcelona is certainly the yellow fever of America.
Yes, it has been imported.
Yes, and I repeat it a thousand times, it is contagious. Let us hope, that the facts, which we shall accumulate, will completely confute the partisans of the contrary system.
Yes, this fever is a thousand times more fatal to commerce, than the most rigorous system of quarantine. With five days of good police and firmness, Barcelona and her commerce would have been preserved, and that by the confession of the anti-contagionists of this country. But what! they squabble and dispute together, whilst the evil enters, ravages, kills and they know not how to cure it; here, all labour, all industry, all prosperity, prostrates itself and dies for a long time; the heart even becomes depraved, the father flies from his children, and all human feelings are lost. Oh! that the administration may act with vigour, and not compromise itself in this mass of folly and iniquity.
The municipal junta was informed a few days since, that there was a house shut up in Nomad Street [?], from which issued a most offensive smell, and that every now and then the cries of a child were heard. They proceeded to the house, opened it, and found the corpse of a young man, disfigured by the yellow fever, who had been dead four or five days; near this corpse was that of a dying woman: this body also much disfigured, but still retained a portion of warmth, and upon it was found a child at the breast, which, tormented by famine, was crying while it gnawed the bosom of its mother.
A public house, which had fifteen inhabitants, has lost eleven; the house next to it had twenty-seven, of which twenty-four are dead.
In Nao Street [Carrer Nou de la Rambla] are three establishments of thirty-six persons; all died.
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Algunos de los Cien Mil Hijos de San Luis toman Barcelona
Asomó el dia 26, y refrenados convenientemente todos los elementos de desorden y anarquia que encerraba Barcelona entre los que no componia pequeña parte la oposicion, ya fuera de lugar aunque harto noble, que hacian algunos de los hombres entonces poco esperimentados, y que abrigaban en su pecho con todo el ardor de un corazon generoso y magnánimo la palabra májica de libertad; se publicó el armisticio concluido dos dias antes entre el Baron de Berge y don Antonio Rotten, encargados de los poderes del mariscal Moncey duque de Conegliano y del teniente general don Francisco Espoz y Mina, comprensivo de todo el 7.° distrito militar, y de las plazas de Tarragona y Hostalrich, que aun quedaban en poder de los liberales. Seguidamente reunió Mina una junta compuesta de todas las corporaciones y personas influyentes de la poblacion, y oido su dictámen, y asociado con una comision del pueblo, concluyó con el mariscal Moncey en 1. ° de noviembre un tratado harto notable y que no hace poco honor al general español, atendidas las azarosas circunstancias en que se hallaba envuelto en aquella fecha, por efecto de la anarquia interior y del aislamiento y falta total de recursos y esperanzas que le rodeaban.
Ratificado el convenio, salió la guarnición de Barcelona el 4 de noviembre por la mañana , y el mismo día ocuparon la plaza los franceses al mando de Moncey, cruzando sus calles silenciosas y á veces desiertas, que les dahan bien á entender el estado de sobresalto y abatimiento de sus temerosos v contristados moradores.
Este fué el fin de la campaña de Cataluña, que tanto se ha criticado por unos y aplaudido por otros á don Francisco Espoz y Mina; las circunstancias hacen algun tanto disculpable su escesivo rigor y su inflexible crueldad con el clero y con los prisioneros realistas, y el estado del pais y la fuerza de una intervención armada y poderosa son suficientes motivos para colocar en muy buen lugar a capitulacion que acertó á concluir en tan críticos y apurados momentos con el ejército sitiador de Barcelona.
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Oda al primer barque de vapor Cádiz-Barcelona
AL PRIMER BUQUE DE VAPOR
QUE HIZO EL VIAJE DE CÁDIZ A BARCELONA
en Noviembre de 1824.LLEGA en buen hora, arrogante,
Vulcanizado bajel,
i desde la ciudad de Alcídes
Al trono de Berenguer.
Abandonaste las costas
Que te miraron nacer,
Y los cantos de los bardos
Y los hijos de Morven.
Los vientos de Caledonia
De Fingal en el broquel
Sonaron enfurecidos
Al verte desparecer.
Saludaste de Pelayo
El enriscado dosel,
Del Santo Patron la tumba,
Y el dominio portugues.
Viste la ciudad hermosa,
Donde el que supo vencer
Los leones de Numidia,
Las sierpes, en su niñez,
Puso límites, que hollaron
Colon, Pizarro y Cortés,
Pero que términos fueron
Para el imperio frances.
La antigua ciudad miraste,
De Flora grato verjel,
Y de Céres y Pomona
El afortunado Eden;
La que en sus templos ostenta
El hispalense pincel,
Los sarracenos pendones,
Las águilas de Bailén;
Donde el esforzado aliento
Del ínclito leonés,
Terror de la gente alarbe,
De la cristiana sosten,
Reverenciando la sangre
Que un padre osara verter,
En nombre de Recaredo
Alzó el pendon de la fe.
Hoy de la gran Barcelona
Los muros llegas á ver,
Gloria de Aragon un dia
Y de un venturoso rey.
Mas ya de Jaime la sombra
Viene, orlada de laurel,
Y en letras de oro Valencia
Y Mallorca en su paves,
«Tú, dice, surcando mares,
A Sevilla has de volver,
Y de la torre del Oro
Lanzarás el ancla al pié.
»Recuerda al tercer Fernando
Que horror nuestro brazo fué
De la gente descreida
Que tiene el Coran por ley;
»Que si cumplió de Pelayo
El pensamiento fiel,
Yo tambien del noble Arista
El heredado deber;
»Que si en Úbeda y Baeza
Rindió á la morisma infiel,
Y si coronó en Sevilla
La victoria de Jaen,
»Yo, congregando las huestes
En los campos de Teruel,
Del Cid la ciudad perdida
Al enemigo arranqué.
»Trasmitimos nuestras glorias
Á Fernando y á Isabel;
Guardó el leon sus castillos
Y mis barras á la vez.
»Di que conmigo sus votos
Eleve al Eterno Ser,
Porque gocen nuestros pueblos
De nuestras glorias la prez;
»Porque el Rey que en ambos tronos
Señor de España se ve,
De inmarcesible corona
Se adorne la excelsa sien;
»Donde á la frondosa rama,
Que emblema de triunfos es,
Se enlace la santa oliva
De la concordia y el bien.
»Acátenla nuestros lujos,
Y desde el Bétis al Ter
Haya tan sólo españoles,
Así como sólo un rey.
»Esto dijo el rey Don Jaime;
Y al levar ancla el bajel,
Volvióse la augusta sombra
Al santuario de Poblet.1824
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Fin de la ocupación francesa
Entran las tropas españolas en la ciudad, evacuada por los franceses que la ocupaban desde 4 de octubre de 1823.
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Stendhal: sufrimiento de los españoles bajo el proteccionismo catalán, real cleptocracia, autenticidad española, Real Academia, afrancesados, terror del Conde de España, teatro, relación arriero-mulas, religiosidad
[E]nfin, le lendemain vers midi nous avons aperçu la citadelle de Mont-Joui, qui domine Barcelone. A deux lieues de la ville, nous avons loué d’un jardinier une petite voiture à porter des legúmes; nous étions excédés de fatigue. C’est dans cet équipage que nous avons paru à la Rambla, joli boulevard situé au milieu de Barcelone. Là se trouve l’auberge de Cuatros Naciones …, où enfin nous avons trouvé un dîner [toda la comida en Mataró estaba estropeada por el uso de aceite rancio]: ce plaisir a été fort vif.
Après dîner nous nous sommes occupés du visa de nos passeports; je veux partir demain pour retourner en France. Mes compagnons, vifs et résolus, et partant assez aimables, mais dont les allures me sont fort suspectes, ne me semblent pas plus curieux que moi de faire un long séjour à Barcelone.
Au sortir de la police, qui nous a reçus avec un silence inquisitorial et de mauvais augure, nous sommes allés acheter des pâtés. J’ai acheté, d’un marchand italien, une bouteille d’huile de Lucques et un morceau de parmesan. Après quoi, délivré de tout souci, je me suit promené par la ville, jouissant du délicieux plaisir de voir ce que je n’avais jamais vu.
Barcelone est, à ce que l’on dit, la plus belle ville d’Espagne après Cadix; elle ressemble à Milan; mais, au lieu d’être située au milieu d’une plaine parfaitement plate, elle est adossée au Mont-Joui. On ne voit point la mer, de Barcelona; cette mer, qui ennoblit tout, est cachée par les fortifications qui sont au bout de la Rambla.
Je n’ose dire les réflexions politiques que j’ai faites pendant un séjour de vingt heures; et pourtant jamais je n’ai tant pensé.
Parmi les cinq ou six légions de la garde nationale de Barcelona, il en est une composée d’ouvriers qui fait peur à toutes les autres. Quand les carlistes approchent, on se réconcilie avec cette légion qui porte des blouses et que l’on suppose capabale de faire le coup de fusil. Quand on n’a plus peur des carlistes on cherche querelle aux gens à blouses et on les accuse de jacobinisme. La légion énergique dit, pour sa défense, qu’elle suit les principes du célèbre Volney, auteur des Ruines. Volney, Raynal, Diderot et les autres auteurs un peu emphatiques à la mode en France lors de la prise de la Bastille, sont les oracles de l’Espagne.
Il faut toutefois observer qu’à Barcelona on prêche la vertu la plus pure, l’utilité de tous, et qu’en même temps on veut avoir un privilége: contradiction plaisante.
Les Catalans me semblent absolument dans le cas de messieurs les maîtres de forges de France. Ces messieurs veulent des lois justes, à l’exception de la loi de douane, qui doit être faite à leur guise. Les Catalans demandent que chaque Espagnol qui fait usage de toile de coton paye quatre francs par an, parce qu’il y a au monde une Catalogne.
Il faut que l’Espagnol de Grenade, de Malaga ou de la Corogne n’achète pas les cotonnades anglaises, qui sont excellentes et qui coûtent un franc l’aune, par exemple, et se serve des cotonnades de Catalogne, fort inférieures, et qui coûtent trois francs l’aune. A cela près, ces gens-ci sont républicains au fond et grands admirateurs de Jean-Jacques Rousseau et du Contrat social; ils prétendent aimer ce qui est utile à tous et détestent les priviléges de la noblesse qu’ils n’ont pas, et qu’ils veulent continuer à jouir des priviléges du commerce, que leur turbulence avait extorqués jadis à la monarchie absolue. Les Catalans sont libéraux comme le poète Alfieri, qui était comte et détestait les rois, mais regardait comme sacrés les priviléges des comtes.
Nos fabricants de fer de la Champagne et du Berry ont au moins un raisonnement à leur service: si vous recevez les excellents fers de Suède, le fer sera pour rien et les Suédois pourront acheter les vins de France, mais nos usines tomberont. Tous les trente ans il y a dix ans de guerre. Alors vous ne pourrez plus recevoir les fers de Suéde, et que deviendrez-vous?
La Rambla m’a charmé; c’est un boulevard arrangé de façon que les promeneurs sont au milieu, entre deux lignes d’assez beaux arbres. Les voitures passent des deux côtés le long des maisons es sont séparées des arbres par deux petits murs de trois pieds de haut qui protégent les arbres.
On ne parle que d’intervention; je trouve peu digne de la fierté espagnole de demander toujours la charité. Qui nous a aidés en 1793 et 1794? Toute l’Europe nous faisait une guerre acharnée. Un grand homme, Pitt, avait juré la perte de la France. Aucun roi ne fait la guerre à l’Espagne, et surtout il n’y a plus de grands hommes.
En 1792, la France avait des hommes tels que Sieyès, Mirabeau et Danton. Ces deux derniers ont volé. Qu’importe? ils ont sauvé la patrie; ils ont faite ce qu’elle est. Sans eux nous serions peut-être comme la Pologne, et l’ordre régnerait à Paris (Allusion aux paroles prononcées à la Chambre des députés par le comte Sébastiani, ministre des affaires étrangères, à propos de la capitulation de Varsovie, qui avait eu lieu le 8 septembre 1831), de même qu’à Varsovie. L’Espagne serait heureuse d’avoir de tels hommes, dût-elle les payer deux millions chacun: ce n’est pas le quart de ce que ses rois ont volé chaque année.
Supposons un général qui, depuis sept ans, eût gouverné Alger avec talent; qu’importerait qu’il eût volé sept millions?
– Barcelone, le …. 1837 [sic].
J’ai une inclination naturelle pour la nation espagnole; c’est ce qui m’a amené ici.
Ces gens-là se battent depuis vingt-cinq ans pour obtenir une certaine chose qu’ils désirent. Ils ne se battent pas savamment; un dixième seulement de la nation se bat; mais, enfin, ce dixième se bat, non pour un salaire, mais pour obtenir un avantage moral. Chez les autres peuples, on voit des gens qui se battent pour obtenir des appointements ou des croix.
J’aime encore l’Espagnol parce qu’il est type; il n’est copie de personne. Ce sera le dernier type existant en Europe.
Tout ce qui est riche ou noble, en Italie, est une copie du grand seigneur français, tremblant toujours de ce qu’on dira de lui. Les grands seigneurs espagnols que nous avons entrevus à Paris ne sont pas copies. Chez eux je ne vois nullement le besoin d’être rassurés sur l’estime qu’ils se portent, et ils n’ont aucun souci de l’opinion des cent nigauds bien vêtus rassemblés chez l’ambassadeur voisin.
Que ne fait pas au contraire le grand seigneur allemand ou italien: 1º pour pénétrer dans le salon de l’ambassade voisine; 2º pour y faire effet? L’Espagnol y vient plutôt comme curieux, pour voir ces singeries, puisqu’il est à Paris.
Je brûlais d’aller voir le jardin de Valence. On me dit qu’il y a des moeurs singulières. Les artisans travaillent assis. Tous les samedis on peint en blanc l’intérieur des maisons avec de la chaux et les planchers en rouge.
On m’assure, ce qui est bien autrement difficile à croire, que les Espagnols commencent à ne plus tant respecter les moines.
Un mois après l’entrée des Français (1808), les moines prédirent que le jour de la Toussaint tous les Français seraient exterminés par le feu du ciel. Les bons Espagnols croyaient si fermement en cette prédiction, bien justifiée par tous les excès des Français, que lorsque, le jour de la Toussaint arrivé, elle ne s’accomplit pas, ils commencèrent à douter des moines.
Étranges voleries dont on me fait le récit authentique, un chef volait l’autre. Haute probité du maréchal Saint-Cyr, du maréchal Suchet. Étonnante, incroyable bravoure des Français au siége de Tarragone, à la prise du fort Olive par M. Duchamp.
La bataille de Vittoria n’a jamais existé, me disait ce soir le lieutenant-colonel P… On portait comme morts à cette bataille les hommes et les chevaux que quelques régiments se faisaient payer en sus de ce qui existait. Extrême incapacité du maréchal et du roi qui commandaient l’armée française à Vittoria. Ils ne défendirent pas le passage que jamais l’armée anglaise n’aurait osé forcer. Les troupes étaient affamées de rentrer en France; il eût fallu un caractère de fer, un autre maréchal Davoust pour les empêcher de quitter l’Espagne en courant. Tout cela m’a été raconté avec l’accent et l’enthousiasme de la vérité; mais je n’ai été témoin d’aucun de ces faits.
Cet Espagnol, qui garde un silence farouche depuis le commencement de la soirée, disait-on ce soir aux Cuatro Naciones, se repaît, dans l’intérieur de son âme, des chimères les plus ravissantes.
Remarquez bien ceci: ce n’est pas la réalité, c’est son imagination qui se charge de les lui fournir. Il résulte de là que, dans les moments de passion, la lorgnette du raisonnement est entièrement troublée; il ne peut plus apercevoir rien de ce qui exist réellement. Beaucoup d’Espagnols sont de bonne foi dans leur prétention de caste et de rang. Tel est évidemment pour moi don Eugenio (on prononce Eou-Kénio), le plus aimable de mes compagnons de voyage.
Il me dit que l’Académie de langue espagnole s’est appliquée constamment à rapprocher l’orthographe et la prononciation. L’Académie française a fait le contraire et en est toute fière. Pour moi, toutes les fois que je vois une femme faire des fautes d’orthographe, je trouve que c’est l’Académie qui est ridicule. Le meilleur administrateur que j’aie vu dans mon voyage, homme d’un esprit supérieur et profondément occupé du fond des choses, cherche souvent ses mots après avoir fini sa lettre. C’est qu’il pense aux choses plus qu’à la forme baroque. Que de temps perdu! L’usage s’est laissé guider par le pédantisme d’une société, dans le sein de laquelle les gens d’esprit, les Duclos, les Voltaire, n’ont pas la parole.
M. Sutto nous disait au souper des Cuatros Naciones:
– Hier, j’étais assis à côté de madame Alber (Anglaise); j’ai été obligé de changer de place, tant son langage était vulgaire; je n’ai pu surmonter mon dégoût.
– Ce qui nous déplaît le plus dans la ville oû nous sommes nés, dit M. Ipol, jeune philosophe, c’est ce langage vulgaire qui annonce des manières et des sentiments bas, et c’est précisément ce langage du peuple qui nous plaît le plus à l’étranger. Il est près de la nature, il est énergique, et la vulgarité que nous ne voyons pas ne peut nous empêcher d’être sensibles à ce premier mérite de toute langue poétique. A Barcelone, un arieros (muletier) m’enchante par son langage, sa personne me plaît; c’est un grand garçon, fort, vigoureux, rempli d’une énergie sauvage, dont la vue réjouit l’âme. A côté de lui, qu’est-ce qu’un grand d’Espagne? Un petit homme, haut de quatre pieds dix pouces, qui vous répète des articles de journaux sur les avantages d la liberté, se regarde attentivement dans toutes les glaces qu’il rencontre, et croit être un Parisien, parce qu’il est abonné au journal des modes. Eh! monsieur, avant tout, soyez Espagnol!
A Barcelone, le grand problème était de rentrer en France. Tout calcul fait, nous avons osé prendre une voiture attelée de mules. Mes sept compagnons m’ont l’air de gens qui émigrent. On émigrerait à moins. La vie, en Espagne, est fort désagréable, et cet état de choses peut fort bien durer vingt ou trente ans encore.
Plusieurs de mes compagnons ressemblent tout à fait à don Quichotte; c’est la même loyauté et la même absence de raison, dès qu’on arrive à certains articles. Les cordes qu’il ne faut pas toucher, c’est la religion out les priviléges de la noblesse. Ces messieurs me prouvent sans cesse, avec beaucoup d’esprit et une vivacité charmante, que les priviléges de la nobles sont utiles au peuple. Ce qui fait que je les aime, c’est qu’ils le croient.
L’un d’eux a eu une dispute avec les autres, parce qu’il m’a dit: «Le peuple espagnol, au fond, n’est enthousiaste ni du gouvernement des deux chambres, ni de don Carlos; je n’en veux pour preuve que la course de Gomez, qui, avec quatre pauvres mille hommes, a traversé toute l’Espagne, de Cadix à Vittoria. Si l’Espagne avait été libérale, Gomez eût été écrasé. Si l’Espagne eût aimé don Carlos, Gomez eût réuni cent mille hommes.»
Au moment de partir, nous allons prendre du chocolat dans la boutique d’un certain Piémontais, cachée dans une petite rue; je croyais presque qu’on me menait conspirer. Je me suis muni de vingt oeufs durs à l’auberge, j’ai du pain, du chocolat, etc.; en un mot, je ne serai pas réduit à dîner avec du pain trempé dans du vin qui contient un tiers d’eau-de-vie, ce qui fait mal à l’estomac.
Mes compagnons espagnols sont d’un esprit bien supérieur à ceux que j’avais en venant. Par exemple, j’ai donné à entendre fort poliment que parler politique trois heures par jour me semblait suffisant. Ces messieurs me parlent avec beaucoup de plaisir de leurs grands poëtes dramatiques, dont la plupart ont des noms gutturaux abominables à prononcer. Ils prétendent que c’est par une véritable bizarrerie que les étrangers n’ont distingué parmi tan d’hommes supérieurs que Calderón et Lope de Véga; ils me citent Alarcon et d’autres noms qui m’échappent; tous ces poëtes ont, selon moi, un grand mérite et un grand défaut.
Leur mérite, c’est que leurs pièces ne sont point une imitation plus ou moins élégante des chefs-d’oeuvre qui ont fait les délices d’un autre peuple. L’Espagne monarchique, obéissant à un honneur exagéré si l’on veut, mais tout puissant chez elle, faisant le bonheur ou le malheur de chaque homme, n’a point imité les tragédies par lesquelles Sophocle et Euripide cherchaient à plaire à la démocratie furibonde d’Athènes. Les pièces de fray Gabriel Tellès, par exemple, sont faites uniquement pour plaire aux Espagnols de son temps, et par conséquent peignent le goût et les manières de voir de ces Espagnols de l’an 1600. Voilà leur grand mérite.
Le principal défaut des pièces espagnoles, c’est que, à chaque instant, les personnages récitent une ode remplie d’esprit sur les sentiments qui les animent, et ne disent point les mots simples et sans esprit que me feraient croire qu’ils ont ces sentiments, et qui, surtout, les exciteraient chez moi.
Rapidité des mules espagnoles; elles ont chacune un nom: la Marquise, la Colonelle, etc. Le conducteur raisonne sans cesse avec elles: «Comment, Colonelle, tu te laisseras vaincre par la Marquise?» Il leur jette de petites pierres. Un jeune garçon, dont j’admire la légèreté, et qui s’appelle le Zagal, court à côté des mules pour accélérer leur marche; puis, quand elles ont pris le galop, il s’accroche à la voiture; ce manége est amusant. De temps en temps, ces mules donnent des coups de collier et galopent toutes ensemble; il faut ensuite s’arrêter cinq minutes, parce qu’il y a toujours quelque trait de cassé. Cette façon d’aller, propre aux peuples du Midi, est à la fois barbare et amusante; c’est le contraire des diligences anglaises, avec lesquelles j’ai fait cent quatre lieues en vingt-trois heures (de Lancastre à Londres).
On nous parle sans cesse des carlistes; il est bien vrai qu’ils étaient près d’ici il y a huit jours; mais il me semble que maintenant ils sont à plus de dix lieues, vers l’Èbre. A la moindre alarme, mes compagnons se mettent en prière; ils appartiennent pourtant, trois du moins, à la haute société. Un Français n’oserait jamais prier, même en croyant à l’efficacité de la prière, de peur qu’on ne se moquàt de lui. Ce qui me charme dans mes Espagnols, c’est l’absence complète de cette hypocrisie, qui n’abandonne jamais l’homme comme il faut de Paris. Les espagnols sont tout à leur sensation actuelle. De là folies qu’ils font par amour, et leur profond mépris pour la société française, basée sur des mariages conclus par des notaires.
Un Français voyageait dernièrement du côté de Valence; il était porteur de quatre-vingts onces d’or (l’once vaut en ce pays-ci quatre-vingt-deux francs). Ce Français était bien coupable; il avait, de plus, une chaîne d’or à sa montre et quelques bagues. Les autorités d’un village où il voulut passer la nuit l’ont fait accabler de coups de bâton; quand il n’a plus pu se défendre, on lui a enlevé la chaîne, les onces, les bagues, et on l’a jeté en prison.
Au bout de neuf jours, voyant qu’il ne mourait point, on l’a poussé hors de la prison, et il a été obligé de mendier pour arriver jusqu’a Valence.
Le consul de France a été indigné; il s’est hâté d’écrire à son ambassadeur, lequel a écrit au gouvernement de la reine, qui a ordonné une enquête. Les autorités du village, les magistrats chargés de cette enquête ont déclaré que le Français était un carliste; la vérité leur était bien connue; mais ils ont considéré que l’alcade du village et ses adjoints, qui avaient dévalisé le Français, seraient déshonorés si la vérité était connue.
Ces messieurs ont donc déclaré que le Français était un calomniateur, et, en conséquence, l’ont condamné à la prison.
Pour n’être pas jeté en prison à Valence, le Français a dû chercher un refuge dans la maison du consul. Celui-ci a écrit de nouveau à Madrid; l’ambassadeur n’a pas craint de retarder le succès de ses grandes négociations en poursuivant le redressement d’une injustice qui n’intéressait qu’un seul Français; et enfin l’alcade voleur ou les juges, je ne sais lesquels, ont été destitués.
Il me semble que, depuis la mort de Ferdinand VII, l’esprit public, en Espagne, a fait un pas immense; les prêtres et les moines ont perdu tout crédit politique: l’opinion veut les réduire à administrer les sacrements.
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Empieza a trabajar la máquina de vapor en la fábrica Bonaplata, la primera en España
Pónese en movimiento la máquina de vapor de los SS. Bonaplata, Vilarregut, Rull y compañía que fue la primera de España.
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Cataluña se divide en cuatro provincias, a saber: Barcelona, Tarragona, Lérida y Gerona
Real Decreto de 30 de noviembre de 1833 sobre la división civil de territorio español en la Península e islas adyacentes en 49 provincias.
Persuadida de que para que sea eficaz la acción de la administración debe ser rápida y simultánea; y asegurada de que esto no pueden suceder, cuando sus agentes no están situados de manera que basten a conocer por sí mismos todas las necesidades y los medios de socorrerlas, tuve a bien, al confiaros por mi Real Decreto de 21 de Octubre el despacho del ministerio de Fomento, encargaros que os dedicaseis antes de todo, a plantear y proponerme, de acuerdo con el consejo de Ministros, la división civil del territorio, como base de la administración interior, y medio para obtener los beneficios que meditaba hacer a los pueblos. Asi lo habéis verificado después de haber reconocido los prolijos trabajos hechos antes de ahora por varias comisiones y personas sobre tan importante materia; y conformándome con lo que en su vista me habéis propuesto de acuerdo con el expresado Consejo, y oído el dictamen del de Gobierno, he venido, en nombre de mi muy cara y excelsa Hija la Reina Doña Isabel II, en mandar los siguiente:
Artículo 1. El territorio español en la Península e Islas adyacentes queda desde ahora dividido en cuarenta y nueve provincias que tomarán el nombre de sus capitales respectivas excepto las de Navarra, Álava, Guipúzcoa y Vizcaya, que conservan sus actuales denominaciones.
Artículo 2. La Andalucía, que comprende los reinos de Córdoba, Granada, Jaén y Sevilla, se divide en las ocho provincias siguientes: Córdoba, Jaén, Granada, Almería, Málaga, Sevilla, Cádiz y Huelva. El de Aragón se divide en tres provincias, a saber: Zaragoza, Huesca y Teruel. El principado de Asturias forma la provincia de Oviedo. Castilla la Nueva continúa dividida en las cinco provincias de Madrid, Toledo, Ciudad Real, Cuenca y Guadalajara. Castilla la Vieja se divide en ocho provincias, a saber: Burgos, Valladolid, Palencia, Ávila, Segovia, Soria, Logroño y Santander. Cataluña se divide en cuatro provincias: Barcelona, Tarragona, Lérida y Gerona. Extremadura se divide en las de Badajoz y Cáceres. Galicia en las de Coruña, Lugo, Orense y Pontevedra. El reino de León en las de León, Salamanca y Zamora. El de Murcia en las de Murcia y Albacete. El de Valencia en las de Valencia, Alicante y Castellón de la Plana. Pamplona, Vitoria, Bilbao y San Sebastián son las capitales de las provincias de Navarra, Álava, Vizcaya y Guipúzcoa. Palma la de las Islas Baleares. Santa Cruz de Tenerife la de las Islas Canarias.
Artículo 3. La extensión y límites de cada una de dichas provincias son los designados a continuación de esta Ley. Sin embargo, si un pueblo situado a la extremidad de una provincia tiene una parte de su término dentro de los límites de la provincia contigua, este territorio pertenecerá a aquella en que se halle situado el pueblo, aun cuando la línea divisoria general parezca separarlos.
Con respecto a los límites señalados a las provincias que confinan en cualquier punto con Francia y Portugal, se entienden en conformidad de los tratados existentes, y sin perjuicio del resultado de las rectificaciones sobre límites o derechos de pastos en varios puntos de una u otra frontera.(*)Artículo 4. Esta división de provincias no se entenderá limitada al orden administrativo, sino que se arreglarán a ella las demarcaciones militares, judiciales y de Hacienda.
Artículo 5. Ínterin se promulga la ley, que he mandado formar sobre acotamientos y cerramientos de heredades, no perjudicará la nueva división territorial a los derechos de mancomunidad en pastos, riegos y otros aprovechamientos, que los pueblos o los particulares disfruten en los territorios contiguos a los suyos.
Artículo 6. Los subdelegados de Fomento harán demarcar los confines de sus provincias respectivas, reunirán todas las observaciones que les dirijan sobre la agregación a separación de los pueblos, que deban hacer o dejar de hacer parte de una provincia, y las trasladarán al ministerio de vuestro cargo: e instruido en él un expediente general me propondréis al cabo de un año las modificaciones de esta especie que deban hacerse en la nueva división.
Artículo 7. Entre tanto los dichos subdelegados cuidarán de hacer levantar planos topográficos exactos de sus provincias respectivas, con presencia de los cuales haréis levantar una nueva carta general del reino. Tendréis lo entendido, dispondréis lo necesario a su más pronto y puntual cumplimiento, y lo haréis imprimir, publicar y circular, comunicándolo desde luego a todos los demás Ministerios.
Está rubricado de la Real mano de S.M.
En Palacio a 30 de Noviembre de 1833
A D. Javier de Burgos.(*) La demarcación de límites de las provincias que expresa este artículo, no se inserta en la Gaceta por ser demasiado voluminosa, pero se hallará mañana desde mañana en el despacho de la Imprenta Real.
Gaceta de Madrid nº 154 de 3 de diciembre de 1833 -
Se quema la fábrica de maravillas de Bonaplata & Cia
[Escrito el 1834:]
La fábrica de [Bonaplata, Vilaregut, Hull y compañía] empezó á montarse el año 1832: es la primera que armó telares de tejer mecánicamente, y que introdujo asimismo el uso del hierro colado, planteando la fundición y construcción de máquinas. Esta sociedad tuvo también la primera máquina de pintar indianas: ahora, pues, no solamente pueden construirse todas las máquinas necesarias para sus talleres, sino que recibiendo el algodon de Motril en rama, sale de ellos pintado y dispuesto á ser cortado para vestidos en competencia con los extrangeros. Tiene empleadas de 6 á 700 personas. La utilidad que este establecimiento ha producido á la provincia es imponderable; pues separando el proporcionar la subsistencia á muchas familias, ha servido como de modelo para propagar los conocimientos y mejoras en una infinidad de ramos. Los maquinistas, cerrajeros, carpinteros, han visto y cogido allí ideas que solo un largo y dispendioso viaje les hubiera tal vez proporcionado. La filatura de algodones ha hecho una completa revolución; los tejidos ganan considerablemente en finura y economía; las máquinas para pintar telas se propagan, y veinos hoy en la provincia una porción de máquinas de vapor, unas marchando, otras planteándose, cuando el año 30 se creía imposible su plantificación en este pais. No solo la maquinaria ha ganado en la introducion de esta fundería, sino que también todas las artes en general; y construyéndose allí balcones, rejas para jardines, candelabros, columnas, y por fin toda clase de adornos, hay la oportunidad de dar formas elegantes y de gusto á las obras, haciéndolas mucho mas baratas. Esta ligera reseña prueba, que si bien nuestra industria está en su infancia, va progresando cuanto le permiten las circunstancias, y que por consiguiente su progreso ó retroceso depende de la protección que reciba del Gobierno, ó del descuido con que se mire este ramo de la riqueza pública.
[…]
Por este mismo tiempo mandó el Rey Fernando VII que no se hicieran mas concesiones para introducir artículos elaborados, resolución que arrancaron las repetidas reclamaciones, que de Cataluña fueron dirigidas al monarca. Con esta declaración entusiasmáronse los industriosos catalanes, y su genio emprendedor les hizo comprometer de nuevo sus capitales, tomando ademas á préstamo cantidades considerables, pertenecientes á españoles que habían hecho su fortuna en las Americas.
Mirábanse en ciertas naciones con celo y con temor los adelantos de la industria catalana; la fábrica de Bonaplata ya montada en 1833, recibía el algodón en rama, y ofrecía al consumo los tejidos acabados dentro del establecimiento; la fundición ofrecía máquinas, que anteriormente se traian del estrangero; dilatábase el corazón con un porvenir lisonjero para la industria del pais, cuando la guerra civil estalla en el terreno mas montuoso de Cataluña; cuando las pasiones se agitaron dentro del recinto de Barcelona hasta el punto de intervenir la preocupación, la mala fe y el interés en el incendio de aquel magnifico establecimiento, en la noche del 5 de agosto de 1835, noche de terrible recuerdo, en que pudieron gozarse los enemigos de la industria de nuestro pais, viendo desaparecer aquella escuela normal de que tanto partido obtenían ya los fabricantes españoles. En esta guerra desastrosa tuvieron que presenciar los catalanes los incendios que redujeron á cenizas centenares de fábricas. Como si se tratase de una cruzada conlra la industria española, hombres que por fortuna no habían nacido en el suelo español, se gozaban en ver las llamas de las poblaciones mas industriosas: los pueblos de Manlleu, Ripoll, San Pedor, Moyá, Gironella y otros, atestiguan con sus escombros, demuestran con sus cenizas, la verdad de nuestro aserto. No vaciló á pesar de esto la fe que Cataluña tiene en su porvenir industrial: muchos capitalistas de los pueblos de la montaña, y aun de la marina, fueron á establecerse en Barcelona; y mientras los españoles combatían en las mismas cercanías de la capital del Principado, dentro de la ciudad se levantaban suntuosos edificios destinados á la fabricación de hilados y tejidos. Pero en muchos pueblos no fué posible ni abandonar las fábricas ni trasladar los capitales; y allí luchando contra todos los elementos destructores de la guerra, transporatando por convoyes, que protegían gruesas columnas de soldados de la Reina, materiales, géneros y aun dinero para el pago de los operarios, se sostuvieron determinadas fábrica, ya trabajando en los talleres, ya combatiendo en las murallas.
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Se suprime una insurrección ultra-liberal con ayuda inglesa
On the 4th of May, an insurrection broke out in the turbulent city of Barcelona; the governor-general, Parreno, supported by the troops of the line, and aided by the co-operation of several companies of English marines, who appeared with colours flying, in the streets, attacked the insurgents, consisting principally of the national guards, and dislodged them from some houses, into which they had thrown themselves, though not without a combat attended by very considerable loss of life. But the spirit of the ultra-liberals was not discouraged by this check, and without again resorting to open violence, they laboured steadily to disseminate their anarchical doctrines, and to enlist the surrounding towns and municipalities under the banner of revolt. They were so far successful, that various symptoms of sedition were displayed in different quarters of Catalonia, and even beyond the borders of that province. The national guards of six towns, including Girona and Rosas, signed an address to the queen, in which, premising their regret at the seditious conduct of the revolters at Barcelona, they told her majesty, that the occurrences in that city evidently proved, that the military agents in her service were but executioners, and that they could not behold without indignation, English soldiers, calling themselves allies, steeping their bayonets in the blood of Spaniards. » Those cruel auxiliaries had deserved the implacable hatred vowed against them by the national guards.» After proceeding in a strain of great violence, they » humbly begged of her majesty to replace the civil and military authorities of Barcelona, By men combining patriotism with humanity, and demanded, that the English vessels, stationed in that port, for the last two years and a half, might be immediately withdrawn ; or, at least, » that orders might be given forbidding a single man to be landed on the soil of Catalonia.» Meanwhile the two ringleaders of the late revolt, were seized, and one, Xandero, executed. But the city still continued in imminent peril, and General Parreno transmitted a melancholy statement of the condition and prospects of the place to the government. «The events of the 4th,» he wrote, » the favourable termination of which was solely due to the aid of the English corps from the Rodney, have so exasperated the people, that I apprehend at every instant the desertion of all my soldiers. I have already been abandoned by the national guard. The civil authorities though apparently wishing to second the measures I have taken to restore tranquility, are devoid of good feeling and courage. At the approach of night, they are no longer to be seen, and God only knows where to find them. Their example is followed by all the citizens, who have anything to lose.»
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Cosas que sobran (no se preve una muy importante), y cosas que faltan
Sobran españoles con ganas de ser diputados á Cortes; y si los eligiesen faltarían diputados con resolucion de ser españoles.
Sobran conservadores de abusos, porque pocos condenan lo que les da utilidad. Falta que muchos conozcan que, con el mismo derecho que unos quieren conserbar beneficios que tienen, otros quieren recobrar derechos que les usurparon.
Sobran memoriales y falta razon. Sobran empeños y falta justicia.
Sobra papel, y falta dinero. Sobran préstamos, y falta crédito.
Sobran pretendientes, desde que la esperiencia acredita que un pretendiente puede durante su pretension vivir ya á costa de lo que pretende. Falta un no ha lugar muy terminante.
Sobran casacas bordadas; y faltan hombres para llevarlas.
Sobran empleos y sueldos: faltan empleados que los ganen.
Sobra el ministerio de Marina; desde que no hay marina para un ministerio.
Sobrará probablemente luego un Ministerio de Hacienda, porque falta hacienda que ocupe al Ministerio.
Sobran rutinas, imitaciones serviles, y apegos á ridiculeces, y disparates. Falta docilidad para guiarse por la razon, la verdad, la esperiencia y el cálculo.
Sobran nuevos hombres; y faltan hombres nuevos.
Sobran en varios encargos amovibles siempre unos mismos hombres que se hacen inamovibles. Falta que se convenzan de que es ya hora de relevo; y que atiendan á que los que no tenian mas que doce años de edad, cuando ellos ya manipulaban en todo, tienen ahora veinte y cinco ó treinta, y son aptos para hacer algo.
Sobran escuelas y cátedras: faltan maestros y catedráticos.
Sobran verdades: falta escucharlas.
Sobran jubilados, escedentes, cesantes y pensionados: faltan disposiciones para que los padres cuenten que sus hijos han de vivir de una carrera ú oficio; pero no á costa del Estado.
Sobran murmurones apáticos, y egoístas: falta obligarles á que por algun tiempo den personalmente el ejemplo del acierto y de la actividad.
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Nace el primer sindicato en España, la Sociedad de Tejedores, con una canción
Festivitat que selebra la Societat de Teixidós de Barcelona, ab conmemoració del dia de la seba instalació, la cual fou instalada ab aplauso general lo dia 10 de maix de 1840.
Per fi ya enarbolat
veyem lo san pendó,
quens diu Societat,
Fraternitat y Unió.
Deu anys sempre oprimits,
deu anys sempre lligats,
y deu anys perseguits,
deu anys esclavisats.
Tot perque units formabam
tan santa asosiasió,
pues sols als tirans volan
la nostra destrucció.
Lo any mil vuit sens curanta
la asosiasió has formá,
perque pugues al pobre
trevallan teni pá.
Mes, a cuatra egoistas
nols cumbenia aixó,
y destruhi volian
la nostra asosiasió.
Mes homes sempre rectes
y de bons sentimens
impabits han fet frenta
a tots los elemens.
Ni presons ni desterros
res de aixó als a fet pó,
sempre han estat al frenta
de nostra asosiasió.
Los teixidos desitjan
solament treballá,
guanyan lo que just sia
sense may composá.
Lo dels demés estats
també volan aixó,
pues totom fraternisa
ab nostra asosiasió.
Desde el instan ditjos
quel poble se aixacá,
que gosa de repós,
ningú al persegueix ya.
Lo gobern a permés,
com era de rahó
que tutom disfrutes
del dret de asosiasió.
Posat ab armonía
pobres y fabricans,
la poca unió que y abía
ya nols causen espans.
Ara plegats disfrutan
de pau y de unió,
y aixis la competensia
faran a altra nació.
Pero una ma oculta
de servils maleits
voldrian altra volta
de veurans desunits.
Mes no creguin los necios
que ú pugan lográ, no,
que el pobla no es cap tonto,
ya coneix la rahó.
Ab las nostras discordias
per fi ya habem entés
quels que y feyan ganancias
heran als estrangés.
Pero aixó ha uns y altres
vuscaban disenció
pues solament bolian
la nostra destrucció.
Aquesta junta mista
que hara se ha format
als habem de dar gracias
pues tot u han arreglat.
La forma el bras dels amos
y al del treballadó
perque sia mes forta
la nostra asosiasió.
An posat las tarifas
ab un preu arreglat
aixís no y aurá queixas
de Pera ni Bernat.
Suegectes a la lley
com es de obligació,
sia rich, sia pobre,
fasi ella la rahó.
Si sempre protegit
como ara agues estat,
lo jornalé estaria
sempre subordinat.
Pues ell lo que desitja
es la pau y la unió,
y a la seba familia
pudé dá educació.
Despotas y tirans
nols pot aixó agradá,
jermans contra jermans
voldria fe barallá.
Obehiu, sí, al gobern,
que es lliberal y bo,
sensa may separarvos
de bostra direcció.
Units tots com esteu
sou fors y sou potens
may mes bos separeu
no cregueu als dolens.
La unió es la forsa
comprengueu ma intenció,
desunits sou un fil,
units feu un cordó.
Un fil totom lo trenca
mes que sia petit.
¿Mes un cordó, digueuma,
qui será lo atrevit?
Pues vosaltres units
formeu aquest cordó,
ya os y dit que la forsa
sempra está ab la unió.
Si mal intensionat
un vos desacredités
entregueulo abiat
que li formin prosés.
No es honrat lo pillo
que vol la destrucció,
que el poble sempre honrat
guanya el pá ab sa suó.
Vingan los que denigran
han aquest pobre honrat
mireulos que compacta
marcha la Societat.
Mireulos que galans
van tots a la funsió,
pera tributá gracias
al seu inclit patró.
Tan sols de cuntemplarvos
lo cort se me engrandeix,
mireu lo demes poble
que conten los segueix.
Qui no estará conten
veixen vostra unió;
ab ciutadans tan probos
es feliz la nació.
Despues que ja en el temple
a Deu gracias heu dat
pera que protejesca
la bostra Societat,
aneu a la campinya
tots juns y ab unió
a selebrá lo dia
de vostra asosiasió.
Seguiu, seguiu units
vos torno a repetí
que ab la unió podreu
alcansá vostra fi.
Per treballs ni per penas
may vos desoniu, no,
que allavors causariau
la vostra destrucció
la llivertat sagrada
aquet dó os ha tornat
deu vivas a Espartero,
també a la llibertat.
Per tans sagrats objectes
jureu tots ab unió
de defensá la Patria
tanbé la Asosiasió.
[Propiedad de Josep Fernández.] -
La Audiencia Real, la Catedral, los jardines de la Ciudadela, los pavos, las murallas
I went on shore with one of our party to M. Gauttier d’Arc’s house, which, as is usual in Spain, consists of one floor, and in this case is a very handsome suite of fine large rooms. Our host was soon ready to go out with us, and his taste and information making him a valuable guide, we were delighted to profit by his kindness. And first we reached the Audiencia Real, a very curious and beautifully decorated old building,—a mixture of Moorish and later Gothic,—where the states of Catalonia formerly assembled, and which is still used on occasions of the sovereign holding audiences. There is a beautifully carved archway, and a very handsome and picturesque staircase (with the cloisters up stairs enclosed with glass) leads to the first floor, with beautifully ornamented architecture, from whence a door opens to a small square garden with fountains, and enormous orange-trees covered with fruit. In a room beyond is kept an exceedingly curious piece of needlework, of the date of 1500, of St. George killing the dragon, exquisitely worked, —the figures with much expression; and a most elaborate landscape of trees, houses, castles, rivers, horses, fields, and figures.
A curious missal may also be seen, if asked for, though they do not appear to take much care of it. It is on vellum, beautifully illuminated, and extremely well printed. It was executed at Lyons for the city of Barcelona, and is dated 29th April, 1521
The Audiencia Real is well worth seeing by those who come to Barcelona, though it is not much spoken of.
We next went to the cathedral; and wishing to walk over it more at leisure, we waited till mass was over, which to-day was numerously attended. The tribune of the former Counts of Barcelona remains on high, behind a grille; and midway up one side still exists a small but unattainable door, formerly leading to the chambers of the Inquisition, which joined the old cathedral.
In a side-room under many locks is an iron door, which lifts up with a strong pulley, within which is kept a very fine gold reliquary, hung all over with jewels, the gifts of different sovereigns, and among them the collar of the Toison d’Or, which the emperor Charles the Fifth gave when he held a chapter in the cathedral, when he first came to Barcelona in 1529. The arms of Henry the Eighth of England, among those of other knights, are painted on the seats round the choir, the carving of which and of the pulpits is beautiful, as well as most of the details of the building. I had never before heard of the beauty of this cathedral; and though much smaller, yet from its mournful grandeur as a whole, and exquisite detail, it is, in my opinion, to be admired next to Seville. We next ascended one of the towers, and came to a small habitation half-way up, where Mr. Hawke was residing, for the sake of drawing the details of the interior. The roof of the cloisters makes a fine terrace, and the view from the higher roofs of the cathedral, extending over the town to the mountains of Monserrat, is very fine. We then descended, and crossed the Rambla to a street in which we saw what little remains of the house of the unfortunate avocat who was murdered by the mob, two or three months ago, for calling out «Viva la Reina» on the previous evening. He killed ten men before he was himself assassinated. The assailants got possession of his house by making an opening through a side wall. Next day they dragged his dead body before the windows of M. Gauttier d’Arc, and before those of the Queen Christina.
On our way back to the ship we were joined by our consul, and several more of our friends, and walked round a public garden beyond the custom-house, laid out in parterres, fountains, and pieces of water, and called the General’s Garden. The citadel, which is on the north side of the mole, was built by Philip the Fifth, from the designs of Vauban, after he had reduced the Catalonians; and has six strong bastions, and covers a great extent of flat ground by the sea-side. Our friends accompanied us to the pier, where we took leave of them with gratitude for the kindness which, in spite of weather, had made our stay at Barcelona so pleasant. Had the season been less advanced, we should have liked to have complied with their proposal of escorting us to Monserrat, and some of the villages on the coast, which are said to be beautiful. We afterwards paid a parting visit to M. Rigault de Genouilly in the «Surprise,» to thank him for the assistance he had given us.
In the evening, we returned to the General’s Garden, and by a long alameda to the walls. There was great excitement in this part of the town, created by immense flocks of turkeys, which were promenading about on some waste ground, each flock directed and occasionally thrashed by six or seven peasants (the number being proportioned to the size of the flock), who surrounded by crowds of people, were admonishing their charge with long canes. The streets and walks were quite full, the population of Barcelona being immense. To-morrow all would be let loose, as it is the «fair of turkeys,» every individual considering it a positive duty to have one of these birds for Christmas-day, an occasion on which it is said all Barcelona goes wild. The poor people, who have no means of roasting them at home, send them to the bakers; so that sometimes these latter have six or seven thousand turkeys to dress.
We made the circuit of the walls, and found their strength very great. The fortifications which surround the town are admirably constructed; they are flanked on the eastern side by the low but formidable works of the citadel, and on the western by the towering ramparts of the fortress of Monjuich.
We returned by the Rambla and the rampart over the sea, under one end of which is a prison; and on the esplanade above, the troops were assembled, and the band playing; crowds of people extended all the way down the mole. The great walk on the walls, reaching the whole length of the harbor, was, as well as the mole, constructed by the Marquis de la Mina, who died in 1768.
Some troops were embarking on board the «Manzanares,» a fine Spanish twenty-gun brig for Port Mahon: these we were, however, destined to meet again sooner than any of us expected. In the evening we had a visit from M. Eigault de Genouilly, who came to give us advice and directions about our navigation through the straits of Bonifazio, by which we intended to proceed on our course to Civita Vecchia,
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Aprobada una reforma arancelaria que daña las exportaciones andaluzas para conservar el mercado interno de los algodoneros catalanes y los terratenientes trigueros castellanos
De fábricas y fabricantes me suenan, así como á gran distancia, algunos nombres: Domingo Serra, Vilaregut, Escuder, Juncadella, Alexandre, D. Juan Güell y Ferrer, á quien mis paisanos decretaron una estatua que tendrá, supongo, las narices tan largas como las poseía en vida el ilustre campeón del proteccionismo. Fundición, maquinaria, sedería, paños; pero el rey algodón era quien privaba. Había el fabricante gordo y el pegujalero: de éstos se conocían algunos en la calle de San Pedro, con tres ó cuatro telarcicos antiguos, viviendo al día y atando los dos cabos. Las fábricas grandes estaban desparramadas por toda la población, del barrio de San Pedro al barrio de San Pablo; también en Sans y en otros sitios de las cercanías.
Vivían los fabricantes [barceloneses] en una perpetua bienandanza encerrada en unos aranceles y en una lógica. Los aranceles eran aquellos draconianos de 1840 que os prohibían hasta mirar con buenos ojos al extranjero. La lógica se reducía á lo siguiente: sin aranceles no hay fabricante, sin fabricante no hay ciudad, sin ciudad no hay Cataluña; luego para ser catalán hay que empezar pidiendo la venia al fabricante. Con esto, con un buen General, con un buen Jefe político, con algunas plazas en el Ayuntamiento y en la Diputación provincial, los señores del algodón empezaban á hacerse indiscutibles; y, desembarazados de guerras extrañas, tenían el campo por suyo, confiados en que nunca había de acabárseles el pan de la boda. Además, por si acaso á algún pícaro madrileño ó á algún extraviado Ministro de Hacienda se le antojaba escurrirse con pinitos libre-cambistas, se hacían representar en la Corte por comisionados especiales, sin perjuicio de Madoz, que sacaba el Cristo en el Congreso. Todavía remacharon el clavo, creando en 1847 la Junta de fábricas y en 1848 el Instituto industrial: corporaciones ambas utilísimas si, en lugar de hacerse batalladoras y de acusar, más tarde y más de una vez, instintos separatistas, se hubiesen limitado, como rezaban los respectivos estatutos, la primera á armonizar los intereses de todas las clases industriales, y el segundo á reunir, en un punto céntrico, todos los elementos de instrucción y perfección que para la ilustración mutua puedan alcanzarse. De letrado consultor tenían los fabricantes á D. Juan Illas y Vidal, hombre de grande ingenio y travesura, á quien comparábamos con Thiers por lo chiquito y lo expedito de lengua; y habían designado para representarles en la Cámara, como legado à látere, á don Tomás Illa y Balaguer, persona de mucha autoridad y antiguo industrial retirado de los negocios. Mi excelente amigo D. Tomás perdió el pleito en 1849, cuando se hizo la primera reforma arancelaria. Recuerdo que terminó su último discurso diciendo con Francisco I: «Todo se ha perdido menos el honor.» El honor fué lo que menos perdieron: díganlo los progresos de la industria catalana, precisamente desde la reforma de 1849.