{"id":8383,"date":"1630-06-12T23:59:37","date_gmt":"1630-06-12T23:59:37","guid":{"rendered":"https:\/\/oreneta.com\/libro-verde\/?p=8383"},"modified":"1630-06-12T23:59:37","modified_gmt":"1630-06-12T23:59:37","slug":"8383","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/oreneta.com\/libro-verde\/1630\/06\/12\/8383\/","title":{"rendered":"Mar\u00eda Ana, hija de Felipe III, tras un viajecito de prueba por la playa, se despide \u00abde sus hermano y patria, para no verlos m\u00e1s\u00bb y para ser reina de Hungr\u00eda"},"content":{"rendered":"<p>En el tiempo que S. M. onrr\u00f3 con su asistencia esta ciudad, hiban \u00e1 hacer guardia todas las compa\u00f1\u00edas, pasando al anochecer por delante palacio mui numerosas y ricas todas, pues cada soldado de por s\u00ed, en los plumajes y vistosos vestidos, parec\u00eda un capit\u00e1n, y casi en las m\u00e1s yleras, como era ya de noche, hav\u00eda de quatro \u00e1 cinco achas encendidas para que vieran los castellanos as\u00ed la multitud de gente, como la vizarr\u00eda con que se serv\u00eda al Rey nuestro se\u00f1or. La ciudad de Barcelona sirvi\u00f3 \u00e1 la Reyna con doce mil libras (31.999,92 pesetas) de regalo \u00f3 donativo; esta cantidad quer\u00edan entregar los Conselleres mano \u00e1 mano al despedirse, en un cofrecillo hecho de prop\u00f3sito, cuvierto de terciopelo cames\u00ed con gal\u00f3n y tachuelas de oro, bordadas en las armas de la ciudad, que juntamente cav\u00edan las 12 &#8353; libras en trentines (\u00abLos doblones de dos caras se llamaron tambi\u00e9n trentines, quiz\u00e1 por valer cada uno treinta reales, aunque despu\u00e9s subieron al valor de treinta y cinco, y el duque de Alburquerque \u00e1 2 de Marzo de 1618, concedi\u00f3 permiso \u00e1 los conselleres de Barcelona para fundirlos y labrar en la seca de dicha ciudad tercios de <em>trent\u00edn<\/em>, que cada uno valiese once reales por causa de hallarse m\u00e1s f\u00e1cilmente cambio que de los doblones de dos caras, mayormente en una ocasi\u00f3n en que se hallaba el Principado falto de numerario.\u00bb (Salat. <em>Tratado de laa monedas labradas en el Principado de Catalu\u00f1a<\/em>.\u2014 Barcelona: Brusi, 1848; p\u00e1g. 132.) Para mayor conocimiento de esa moneda y sus divisores, no ser\u00e1 ocioso consignar que los trentines y medios trentines llevan los mismos tipos que los excelentes castellanos, \u00f3 sea en el anverso los bustos de los Reyes Cat\u00f3licos y en el reverso el conocido escudo rodeado de la leyenda sub umbra alarum tuarum, y en cifras el a\u00f1o de la acu\u00f1aci\u00f3n. En los tercios de trent\u00edn var\u00edan los tipos, pues figura en el anverso el busto de Felipe III \u00f3 Felipe IV, mientras que en el reverso aparece el escudo de Catalu\u00f1a entre XI y R (once reales, valor de la moneda), siendo la leyenda <em>Civitas Barcino<\/em>&#8230;); pero estorv\u00f3lo la vanidad d\u00e9 los grandes que la hiban sirviendo, dando \u00e1 entender que los Concelleres no hav\u00edan de cubrirse delante la Reyna y que si acaso en la visita anterior lo havian hecho, hav\u00eda sido porque no lo hav\u00edan advertido, \u00f3 porque con la bulla del bien venida no se hav\u00eda reparado, y como de echo no se cubrieron los Gonselleres en la visita, ora sea por atenci\u00f3n, ora sea porque no atendieron \u00e1 la prerrogativa que tiene la ciudad, para evitar discusiones, escusaron la visita, y con letras embiaron el dinero de donativo. Ocho d\u00edas antes de embarcarse para el viaje, quiso Su Magestad probar c\u00f3mo le trataba la mar, y as\u00ed un domingo \u00e1 la tarde, pasando al muelle por un hermoso puente de tierra \u00e1 la galera, se embarc\u00f3 S. M. en la capitana de N\u00e1poles, que era la galera en que hav\u00eda de navegar. Estavan todas ricamente adrezadas quanto permite el mar; la chusma de la capitana con coticas \u00f3 bestidos de damasco carmes\u00ed y mui blancas, limpias y delgadas camisas. Embarc\u00e1ronse las damas y se\u00f1ores que hiban sirviendo \u00e1 la Reyna, y carpando las galeras, se pasearon algunas dos oras por la playa, dando el arzobispo de Sevilla una espl\u00e9ndida merienda; y gust\u00f3 mucho S. M. de ver la destreza con que los marineros sub\u00edan y bajavan por las cuerdas, \u00e1rboles y entenas, y de ver as\u00ed la m\u00e1quina de tender y recojer las velas, como de remar la chusma. Bolvi\u00f3se al anochecer \u00e1 desembarcar, y as\u00ed entonces, como al entrar en la galera, se le hicieron muchas y hermosas salvas, respondiendo los baluartes. S. M. no se mare\u00f3, pero s\u00ed algunas damas y cavalleros. Lleg\u00f3 la orden de Madrid para la partida de la Reyna, y se\u00f1al\u00f3se luego el d\u00eda 12 de Junio para su embarcaci\u00f3n y viaje. Disp\u00fasose y aprest\u00f3se todo lo necesario para la embarcaci\u00f3n, y entre tanto que se embarcava la ropa, S. M. se fue despediendo de las iglesias y santuarios, visitando con gran deboci\u00f3n y ternura los sepulcros de los gloriosos San Ram\u00f3n y Santa Eulalia, y asimismo otros combentos de su deboci\u00f3n. El d\u00eda antes de embarcarse fu\u00e9 \u00e1 Santa Mar\u00eda de la Mar, para que como \u00e1 estrella del mar le fuese propicia en su navegaci\u00f3n; este mismo d\u00eda por la tarde se fu\u00e9 con las damas al horno del vidrio, al Llano Llui, en donde se fabricaron diversidad de vasos y cosas de vidrio para la embarcaci\u00f3n, haciendo los oficiales muchas bombas de vidrio volador, que haci\u00e9ndolas rebentar por encima de los tocados y cavezas de las damas hac\u00edan mui hermosa vista. Lleg\u00f3, en fin, el d\u00eda 12 de Junio de 1630, y por la tarde se descubri\u00f3 el Sant\u00edsimo en la iglesia de San Francisco, cantando varios motetes, letan\u00edas y otras debociones deprecatorias para el feliz viaje; \u00e1 las cinco pas\u00f3 S. M. \u00e1 la tribuna y mand\u00f3 cantar una salve, y haciendo all\u00ed su rato de oraci\u00f3n, \u00e1 cosa de las seis de la tarde, por el mismo puente de palacio, de cuio extremo sal\u00eda una escalera de madera mui bien travajada y fuerte, de 560 baras de largo y alto, con tres bueltas y descansos, de modo que el extremo dava en la misma galera donde hav\u00eda de embarcarse, y cubierta de bayeta colorada toda ella, por donde, con muchas l\u00e1grimas y muestras de cari\u00f1o, baj\u00f3 S. M. \u00e1 la galera, y no admir\u00f3 que fuese tanta su terneza, pues se desped\u00eda de sus hermano y patria, para no verlos m\u00e1s. Luego que S. M. con los grandes y damas estubieron en la capitana, que era la de N\u00e1peles, so hizo \u00e1 la vela, \u00e1 quien siguieron las dem\u00e1s, que en n\u00famero eran 23, todas mui entoldadas y hermoseadas quanto pod\u00eda la ocasi\u00f3n. Las salvas, as\u00ed de las galeras como de los baluartes, la multitud de gentes, el dolor que causar\u00eda perder de vista aquella prenda, no la encarecer\u00e9, pues s\u00f3lo el silencio puede ser el m\u00e1s ret\u00f3rico modo de expresarlo. Pas\u00f3 con esta ocasi\u00f3n mucha nobleza y se\u00f1ores \u00e1 Italia, y vi que en un coche del obispo de Barcelona, que hav\u00eda quatro sillas poltronas, y tras \u00e9stas una menor; en aquellas hivan 4 cardenales que se hallaban en Espa\u00f1a y pasavan \u00e1 c\u00f3nclave, y en \u00e9sta el obispo de Barcelona, que como si fuera su capell\u00e1n, los acompa\u00f1aba \u00e1 la embarcaci\u00f3n: tubieron feliz tiempo para la navegaci\u00f3n.<\/p>\n<p>D\u00edjose por Barcelona, y por mui cierto, que en una isla cerca de Marsella llamada Santa Mar\u00eda, la esperava su hermana la Reyna de Francia, con cari\u00f1o de verla y agasajarla; pero que no par\u00f3 all\u00ed, porque la orden del Rey era de pasar sin detenerse. Que en G\u00e9nova la aguardava su t\u00eda la duquesa de Florencia, en donde se embarc\u00f3, y estubo alg\u00fan tiempo regalada y asistida de la duquesa; desde all\u00ed pas\u00f3 por tierra (\u00e1 causa de las guerras de Italia) \u00e1 Alemania. Acompa\u00f1\u00e1ronla hasta la ciudad de Trento que es en los confines de Alemania, el arzobispo de Sevilla, duque de Alva, conde de Barajas y dem\u00e1s personajes, en donde siguiendo la instrucci\u00f3n del Rey hav\u00edan de entregarla \u00e1 su esposo \u00f3 sus grandes, y \u00e9stos acompa\u00f1arla hasta Viena, en donde, como en todas partes, se dize la festejaron quanto se puede desear: lleg\u00f3 \u00e1 Viena \u00e1 30 de Henero de 1631.<\/p>\n<p>El viernes, \u00e1 2 de Mayo, llegaron \u00e1 este puerto de Barcelona 4 galeras con el duque de Alva, conde de Baraxas y dem\u00e1s gente que hav\u00edan acompa\u00f1ado la Reyna, menos el arzobispo de Sevilla, que siendo ya de edad y hombre grueso, muri\u00f3 en el camino ya de buelta y ya creado cardenal, y el Rey, movido de compasi\u00f3n por los excesivos gastos que hav\u00eda tenido en el viaje, de que quedavan sus deudos empe\u00f1ad\u00edsimos, les consigui\u00f3 para el desempe\u00f1o las rentas del arzobispado \u00fa otras equivalentes, por tiempo de cinco a\u00f1os. <\/p>\n<p>Con esto damos fin al pasaje de la Reyna de Ungr\u00eda, y aunque este cap\u00edtulo no hera de este lugar, como es de un mismo punto, se ha insertado aqu\u00ed. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el tiempo que S. 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