{"id":7401,"date":"1640-06-07T10:10:54","date_gmt":"1640-06-07T10:10:54","guid":{"rendered":"https:\/\/oreneta.com\/libro-verde\/?p=7401"},"modified":"1640-06-07T10:10:54","modified_gmt":"1640-06-07T10:10:54","slug":"el-consejo-de-ciento-cuenta-su-version-del-corpus-de-sangre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/oreneta.com\/libro-verde\/1640\/06\/07\/7401\/","title":{"rendered":"Corpus de Sangre: el plebeyo y los vallesanos matan a ricos, notables, forasteros, y sus criados; queman y saquean; el Virrey muere de un infarto (es gordito) o defendido hasta el \u00faltimo por en esclavo africano"},"content":{"rendered":"<p>Viendo nuestro Virrey el lebantamiento del pa\u00eds, el sumo desconcierto de las cosas, lo poco que le tem\u00edan, y que todo amenazava ruina, estaba temeros\u00edsimo de su \u00faltima desdicha: aumentava sus temores el ver que con la disposici\u00f3n de la cosecha concurr\u00edan ya los segadores, gente sin respecto, atenci\u00f3n ni orden, y m\u00e1s en ocasi\u00f3n, que con las operaciones de la milicia, estavan los \u00e1nimos tan yrritados; y para evitar el ingreso en Barcelona pidi\u00f3 \u00e1 los conselleres, que se\u00f1alando puestos \u00e1 los segadores fuera de la ciudad, en donde se les diesen mantenimientos, se les negase la entrada. Pero era ardua la empresa, porque el pueblo no lo lleba bien, y que tem\u00eda que si convenidos los segadores se ausentaran, quedava la cosecha en los campos, y as\u00ed no les pareci\u00f3 combeniente; como tambi\u00e9n que quando las milicias empezaron \u00e1 desmandarse, los diputados y conselleres le suplicaron atajase aquellos da\u00f1os, que de no hacerlo, suceder\u00edan yrreparables ruinas, \u00e1 que no atendi\u00f3: de donde result\u00f3 unibersal desaz\u00f3n en todos, y \u00e1 caminar los negocios de mui mala calidad.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 el d\u00eda del Corpus (tan lamentable para Espa\u00f1a), que era \u00e1 7 de Junio de 1640 ([nota omitida]). Hav\u00edan concurrido much\u00edsimos segadores y todos armados, y con m\u00e1s desberg\u00fcenza que otros a\u00f1os. Ese d\u00eda, \u00e1 cosa de las nuebe de la ma\u00f1ana, un criado del alguacil Monrrod\u00f3n, topando un segador cerca de S(<em>ant<\/em>)a Mar\u00eda de la Mar, quiso reconocerlo, resisti\u00f3se el segador, y trav\u00e1ndose de palabras, el criado dio de pu\u00f1aladas al segador (bien que no muri\u00f3). Luego lleg\u00f3 la nueba al congreso de los segadores en la Rambla, que llegaban \u00e1 cerca de quinientos, y oiendo que les hav\u00edan muerto un compa\u00f1ero, rebent\u00f3 la mina, y apellidando <em>Visca la terra y muiran los traidors<\/em>&#8230;, de carrera abierta se encaminaron \u00e1 casa el de S(<em>anta<\/em>) Coloma, virrey, para pegar fuego \u00e1 la casa, y tomando de un orno vecino quanta le\u00f1a encontraron, dispon\u00edan pegar fuego, tomando todas las calles para que no se les opusiese nadie. A las boces y noticias del intento, salieron los religiosos de San Francisco con un Santo Christo grande, y poni\u00e9ndolo sobre la le\u00f1a, y ellos de rodillas, con ruegos aplacando los segadores, apart\u00e1ndoles, y quitando la imagen unos, y otros poni\u00e9ndola, estubieron gran rato; y viendo los religiosos que nada bastava, sacaron la reserva de la iglesia, que \u00e1 la saz\u00f3n estava patente para el Oficio, y poni\u00e9ndola sobre una mesa \u00e1 la puerta de casa del Virrey, prosegu\u00edan sus ruegos. <\/p>\n<p>La casa estava toda cerrada; en el intermedio los diputados y conselleres, en forma de comunes, con los obispos de Barcelona, Vique y Urgel, que se hallavan aqu\u00ed, acudieron al puesto, y con ruegos y persuasiones procuravan sosegar el tumulto y despe\u00f1o de los segadores, represent\u00e1ndoles era perderse todos y perder \u00e1 Cathalu\u00f1a con esta acci\u00f3n. Pero nada bastava, porque la pasi\u00f3n los llebava ciegos y sin juicio, y m\u00e1s, viendo que en la gente plevea no aliaban contradicci\u00f3n, antes bien se les le\u00eda en los rostros natural complacencia.<\/p>\n<p>Estando en estas amonestaciones, quiso la desgracia que en la muralla mataron un segador de desgracia, porque yendo ellos con ellos tan furiosos y desatinados, se les dispar\u00f3 una arma y con el tiro mat\u00f3 \u00e1 uno de ellos. <\/p>\n<p>Al mismo frangente del tiro abrieron una ventana del palacio, y como el odio nunca pone los ojos sino en su opuesto, pareci\u00f3les hav\u00edan tirado del palacio; y con esta suposici\u00f3n, creci\u00f3 en ellos el coraje y la rrabia, indign\u00e1ndose de nuevo y voceando <em>cremaulos<\/em>&#8230;; crecieron tambi\u00e9n los rruegos y amonestaciones de los padres de rep\u00fablica y prelados, y, por \u00faltimo, con sumo travajo y grandes caricias redujeron \u00e1 los segadores \u00e1 que seguieran los conselleres y diputados, y sac\u00e1ndolos hacia la Rambla los llevaron consigo, quedando los prelados con la reserva \u00e1 la puerta del palacio; pero \u00e1 cada ruido que se o\u00eda se aterraban todos, y como ve\u00edan los segadores que sucediendo esto al trasladar el Sacramento, desde la puerta del Virrey hasta la iglesia, estubo oras en el poco trecho que ay: la Ciudad mand\u00f3 poner tres compa\u00f1\u00edas de guardia al palacio del Virrey.<\/p>\n<p>Prosiguiendo el camino de los segadores, que con arta dificultad los llebavan hasta la Rambla, y procur\u00e1ndoles all\u00ed hacer varias pl\u00e1ticas para apaciguarlos; vi\u00e9ndolos algo m\u00e1s benignos, y atendiendo al remedio de tanto da\u00f1o como amenazava, se ausentaron los conselleres y diputados para subenir \u00e1 donde m\u00e1s importava.<\/p>\n<p>Confabul\u00e1ndose los segadores y bolviendo \u00e1 su desenfreno, se les ofreci\u00f3 \u00e1 la vista la casa del Doctor Balart (Gabriel Berart), juez de la Real Audiencia, y que en las levas del Principado, quando lo de Salsas, hav\u00eda hecho muchas extorsiones, ganando para s\u00ed muchos enemigos y m\u00e1s doblones y menos soldados para el Rey. Toc\u00f3le \u00e1 \u00e9ste la vereda de(<em>l<\/em>) Vall\u00e9s&#8230;, de donde eran los m\u00e1s de los segadores, y acord\u00e1ndose de su da\u00f1o, embestieron la casa, que la ten\u00eda \u00e1 la esquina de la calle del Carmen, y no queri\u00e9ndola quemar porque las de los lados no pereciesen, sacaron \u00e1 la Rambla quanto en ella hallaron, y formando una grande oguera, le quemaron quanto ten\u00eda, sin perdonar otro que los quadros \u00e9 im\u00e1genes de santos, que bal\u00edan muchos millares entre escritorios, sillas, arcas, camas, ropa, librer\u00eda, colgaduras, tapicer\u00edas, procesos y hasta sacos de moneda, sin que nadie tocase \u00e1 nada; antes, mientras dur\u00f3 la oguera, estubieron algunos de guardia para que nadie se aprovechase.<\/p>\n<p>Acabado de quemar esto, se fueron \u00e1 casa D. Grao Guardiola, maestro del racional (El maestre racional de Catalu\u00f1a era el contador general de la casa y Corte de los Reyes y de las Rentas dominicales y fiscales; se instituy\u00f3 para oir, ver y recibir las cuentas de los bayles, generales, procuradores reales, vegueres, recetores, no s\u00f3lo en Catalu\u00f1a, sino de Mallorca, Rosell\u00f3n y Cerde\u00f1a&#8230;), que estava cerca la puerta del \u00c1ngel, y con ocasi\u00f3n del vagaje para Salsas, hav\u00eda hecho tambi\u00e9n iniquidades con los pobres paisanos, no pagando \u00e1 muchos, y otros haci\u00e9ndoles reventar y perder el ganado, de donde ganando injustamente mucho dinero, hav\u00eda comprado ynumerables enemigos, y no pocos de ellos se hallaban en h\u00e1vitos de segadores, y as\u00ed llegando \u00e1 la casa, sacaron quanto en ella hav\u00eda, hasta puertas y ventanas; y haciendo sigunda oguera en la plaza de Santa Ana, quemaron quanto hav\u00eda, que era de inmensa riqueza, porque escritorios y bufetillos, guarnecidos de plata y hasta braseros de plata, todo lo hechaban al fuego, sin dejar la menor cosa del mundo. Traxeron el Sant\u00edsimo de la iglesia del Pino, pero ni esto bastava, antes bien dec\u00edan que ellos bolv\u00edan por la fee, pues quemando las iglesias y sacramentos los castellanos, y pudi\u00e9ndolo remediar no lo hac\u00edan, que era raz\u00f3n lo pagasen.<\/p>\n<p>Bolviendo por la Rambla, toparon con la cocher\u00eda del Duque de Fernandina (D. Garc\u00eda de Toledo, marqu\u00e9s de Villafranca, duque de Fern\u00e1ndina y general de las galeras.), nada bien visto, y echando las puertas en tierra, que estava en la esquina del Buen Suceso, tomaron los coches y llev\u00e1ndoles \u00e1 la oguera de los trastos de Balart (Berart), que todav\u00eda quemava, los convirtieron en ceniza, que entre coches, literas, galeras y carrocillas bal\u00edan millares de ducados. S\u00f3lo una carrocilla dijeron le hav\u00eda costado pocos meses antes dos mil escudos.<\/p>\n<p>Quemados los coches, se fueron \u00e1 quemar la casa del Duque, que estava tras el combento de los Angeles, y hallando cinco \u00f3 seis criados que la guardavan, y que quisieron hacer armas, como all\u00ed no hav\u00eda peligro de otras cosas, luego pegaron fuego; y vi\u00e9ndose los criados que hav\u00edan de morir \u00e1 las llamas, quiriendo escapar con la vida, treparon una pared que da al combento y pas\u00e1ronse \u00e1 \u00e9l, pero reconocido por los segadores, entrando en la clausura, les dieron muerte. Aqu\u00ed ya concurr\u00eda gente de la ciudad, por el antiguo odio que ten\u00edan al Duque. Tambi\u00e9n mataron aqu\u00ed un sacerdote, por desgracia, que entrando en las monjas \u00e1 ministrar el sacramento de la penitencia \u00e1 los criados, deseando ver adonde hav\u00eda de acudir, acert\u00f3se abrir una ventana del huerto, \u00e1 la que, como \u00e1 las dem\u00e1s, porque ning\u00fan criado escapase, atend\u00edan los segadores, que vi\u00e9ndola abrir, dispararon, y di\u00e9ronle en la caveza dos valas, de las quales muri\u00f3 luego sin decir Jes\u00fas, y asimismo los dem\u00e1s criados: la casa toda se quem\u00f3.<\/p>\n<p>Volviendo al Virrey que confuso y deca\u00eddo de \u00e1nimo en tal disturvio y ocurrencia de cosas, no d\u00e1ndose por siguro en su casa con las guardias de la Ciudad, se pas\u00f3 al baluarte de S(<em>an<\/em>)ta Eulalia entre una y dos de la tarde, en compa\u00f1\u00eda de su hijo y algunos cavalleros cathalanes: ni all\u00ed soseg\u00f3 su coraz\u00f3n (como el que ansioso de su mayor siguridad, la busca \u00e1 veces en su mayor ruina), bien que ten\u00eda una compa\u00f1\u00eda de guardia en el mismo baluarte, pero no falt\u00f3 quien, mal advertido le persuadi\u00f3, que no era cr\u00e9dito de su persona ni de la del Rey que haviendo presidios reales, se guareciese \u00e1 los que ten\u00eda la Ciudad, y as\u00ed se pas\u00f3 \u00e1 la Atara\u00e7ana, en donde hav\u00eda mucha milicia y algunos cinquenta cavallos, que cerrando los restrillos y tomando todas las armas, se procurava asigurar all\u00ed su persona; persuad\u00edanle los obispos se embarcase en una galera de G\u00e9nova, que hav\u00edan hecho venir delante la Tara\u00e7ana, pero no quiso ejecutarlo, que quando Dios quiere que se cumplan sus decretos cierra los ojos al entendimiento, para que no veamos lo que nos est\u00e1 bien, y \u00e1 \u00e9l le sucedi\u00f3 as\u00ed, pareci\u00e9ndole estaba en la mayor siguridad.<\/p>\n<p>Noticiosos los conselleres de lo que se hiua obrando, y recelando del mal rostro de las cosas lamentables sucesos, repet\u00edan pregones, pena de la vida, que las cofrad\u00edas y oficios acudiesen \u00e1 casa de la Ciudad armados, para repartirlos en sus puestos y poner custodia \u00e1 donde combendr\u00eda; pero como \u00e1 la plebe (siempre amiga de novedades y reboluciones) le complac\u00eda lo que los segadores obravan, y aun deseaban hiciesen m\u00e1s, ninguno obedec\u00eda, \u00e1 cuia vista los conselleres, con sus gramallas, se resolvieron \u00e1 salir en busca de los segadores, y llegando \u00e1 casa de D. Grao Guardiola, s\u00f3lo toparon el estrago en la oguera y la noticia de que el tumulto estava en casa el de Fernandina. Encamin\u00e1ronse all\u00e1, llegando \u00e1 la saz\u00f3n de estarse tirando los de adentro con los de afuera, como dije arriba: quiso el hado que con la premura y congoja que hivan los conselleres por medio del tumulto, tropezase uno con la gramalla y caiese (Fu\u00e9 el conceller tercero Jos\u00e9 Massana), sin que la opresi\u00f3n de los circunstantes le permitiese lebantar con la brevedad que era menester; vi\u00e9ronle caer en ocasi\u00f3n que todo era tirar, y sin m\u00e1s averiguaci\u00f3n empezaron \u00e1 gritar que los castellanos hav\u00edan muerto un conseller; corri\u00f3 esta voz por Barcelona, a\u00fan m\u00e1s repentina que el suceso, y tan cre\u00edda de todos, que al instante se sublev\u00f3 la plebe de Barcelona, apellidando <em>Traici\u00f3n, que nos han muerto un Conseller.<\/em> \u00a1Dios sea conmigo, y qu\u00e9 error y desorden al oir esta nueba! Pues quit\u00e1ndose el velo la modestia barcelonesa, que hasta entonces hav\u00eda conservado, corri\u00f3 con el mismo desenfreno que los segadores \u00e1 la total ruina de los castellanos; y al desquite del odio que contra ellos se hav\u00eda concevido, nadie desee verse, ni culpe mi corto encarecimiento, en d\u00eda como este que parec\u00eda su infierno esta ciudad.<\/p>\n<p>Encamin\u00e1ronse luego \u00e1 la Ataracana, y hall\u00e1ndola cerrada, empezaron \u00e1 vocear: <em>Aqu\u00ed est\u00e1n los traidores; quem\u00e9moslos, y viva la patria<\/em>. Hav\u00edale ya llegado al conde de Santa Coloma la fingida muerte del conseller, bien que de los m\u00e1s \u00f3 de todos cre\u00edda, y apenas se la difieren pronunci\u00f3 estas razones: <em>\u00bfUn conseller ha muerto? yo soy muerto<\/em>. \u00a1Qui\u00e9n duda que los impulsos de su vecina muerte y las congojas le tendr\u00edan ya comprendido, y que ocurri\u00f3ndole ser causa de todas estas desdichas, \u00f3 por omisi\u00f3n suia, \u00f3 descuido afectado, le ser\u00edan otros tantos torcedores y berdugos de su conciencia y lastimado coraz\u00f3n!<\/p>\n<p>Estando en estas apreturas, oieron el tumulto \u00e1 las puertas, el grito de mueran, y la noticia de haver pegado fuego \u00e1 las puertas, mientras travajavan los del tumulto en abrir, porque con mucha madera estavan las puertas y rastrillos cerradas. Quiso el Virrey embarcarse, pero ya no hubo lugar, porque al tiempo de acudir \u00e1 la Ataracana la gente de Barcelona, se suvi\u00f3 much\u00edsima al baluarte de Santa Eulalia y Torre de las Pulgas, de donde \u00e1 mosquetazos y tiros de artiller\u00eda, sin orden alguno, hicieron apartar la galera y se hicieron due\u00f1os de la salida por mar. Visto esto, y que la gente estava ya mui cerca de entrar, se dispidi\u00f3 el Virrey de los obispos y cavalleros, que casi todos los de Barcelona estavan con \u00e9l, y dici\u00e9ndoles, s\u00e1lvese quien pueda, con algunos que le siguieron se entr\u00f3 en el baluarte del Rey, y por unas ruinas de la muralla baj\u00f3 \u00e1 tierra hacia la parte de San Bertr\u00e1n, encamin\u00e1ndose por la orilla del agua entre la monta\u00f1a y el mar. Otros hacia Santa Madrona; otros hacia Monjuique; algunos bolvi\u00f3ndose \u00e1 la ciudad y los obispos escal\u00e1ndose por la pared de la huerta que da hacia Santa M\u00f3nica, se dividieron.<\/p>\n<p>Entr\u00f3 la furia del tumulto, y reconociendo el puesto por donde hav\u00edan hu\u00eddo, dieron tras ellos \u00e1 la desilada, cada uno por donde le parec\u00eda, matando \u00e1 quantos castellanos y extranjeros encontravan, y los obispos, \u00e1 no hallarse el de Barcelona entreellos, no s\u00e9 qu\u00e9 huviera sido.<\/p>\n<p>El Virrey, juzgando m\u00e1s segura la derrota que llebava, prosigui\u00f3 con ella, desamparado ya de la nobleza cathalana, y con boyado de pocos de los suios, porque cada uno miraya \u00e1 salvarse, pero nada le aprovech\u00f3, ni yo podr\u00e9 decir de sus pasos; s\u00ed s\u00f3lo el estado en que le hallaron difunto y el puesto, que era baxo San Bertr\u00e1n, los pies casi dentro el agua, desabrochado de pechos, quitada la golilla, con cinco \u00f3 seis pu\u00f1aladas entre el est\u00f3mago y barriga, pero sin gota de sangre, y un golpecito, cosa muy poca, en la frente. En este m\u00edsero estado se vio muerto el que pocos meses antes se hav\u00eda visto capitanear quarenta mil hombres, y pocas horas antes governar una provincia. \u00a1Ha infelicidades desta vida, \u00e1 qu\u00e9 t\u00e9rminos tra\u00e9is los hombres! \u00a1O culpas nuestras, \u00e1 qu\u00e9 nos conduc\u00eds y \u00e1 qu\u00e1n desastrado \u00e9 infelice fin nos llev\u00e1is!<\/p>\n<p>Antes de topar con el cad\u00e1ver del Virrey, encontraron con cinco \u00f3 seis de cavalleros forasteros, todos disfigurados, y el m\u00e1s vecino al Virrey era un cavallero anciano, de gran bondad, que hav\u00eda muchos a\u00f1os resid\u00eda en Barcelona, llamado F. Ern\u00e1ndez, que ten\u00eda un oficio en la Ataracana.<\/p>\n<p>A las once de la noche truxeron \u00e1 la Merced en una escala al Virrey, que de otro modo no pudieron sacarlo de donde estava, y sig\u00fan el desprecio con que lo conduc\u00edan, parec\u00eda ser un vandolero. Pusi\u00e9ronlo en la capilla de la Soledad, y causava sumo dolor su gran fatalidad y suma compasi\u00f3n el verlo; pero si hav\u00eda sido causa de tan lamentables ruinas, no es mucho que Dios permitiera en el lo que acabamos de ver ([omitidas cartas sobre la impresi\u00f3n que produjo en la corte la noticia de su muerte]).<\/p>\n<p>Jam\u00e1s se aberigu\u00f3 el homicida por dilig(<em>encia<\/em>)s que se hicieron, porque la Ciudad, con p\u00fablico vando al otro d\u00eda, ofrec\u00eda quatro mil libras y una vida, no siendo la del mismo actor, \u00e1 quien lo descubriera: \u00e1 vista de no descubrirse el actor, se hicieron barios discursos: qui\u00e9n dec\u00eda que las pu\u00f1aladas hav\u00edan sido despu\u00e9s de muerto, viendo no salt\u00f3 gota de sangre; qui\u00e9n que alg\u00fan soldado \u00f3 cavallero de su familia, airados de lo que por \u00e9l padec\u00edan, le dio muerte, y qui\u00e9n que muri\u00f3 reventado, \u00e9l mismo, porque siendo tan grueso, correr por el arenal y saltar aquellas pe\u00f1as para huir, es de creer que, junto con las ansias y fatiga, le acav\u00f3 sin otra ayuda, y \u00e1 esto, con alguna cabida, atribuieron el golpe de la frente. Ello no se supo, sino que se hall\u00f3 muerto: as\u00ed discurra cada uno como quiera, y rueguen \u00e1 Dios le haia perdonado sus culpas.<\/p>\n<p>Mientras esto pasava por la Ataracana, la gente y segadores hu\u00eda por Barcelona con tal furia, griter\u00eda y ruido, que parec\u00eda acavara el mundo, \u00f3 que era teatro del Juicio universal esta ciudad. Repartieron los Conselleres las compa\u00f1\u00edas que hav\u00edan acudido en los puestos que pareci\u00f3 m\u00e1s necesarios; procuraron asigurar las casas de los Comunes, tomando las bocas calles, las murallas, torres y baluartes, y algunas plazas.<\/p>\n<p>Entre la puerta de San Seber(<em>o<\/em>) y de los Telleros ([Tallers]), mataron de un mosquetazo un criado del de Fernandina, que hav\u00eda escapado de la casa. En el monasterio de las M\u00ednimas hav\u00eda entrado gran parte del tumulto, pensando abr\u00eda all\u00ed mucha cosa del de Fernandina, por ser mui del cari\u00f1o de aquellas santas religiosas; pero no encontrando cosa alguna, al salirse ya, topando un mont\u00f3n de colchones, quiso uno probar con una daga si hav\u00eda algo, y viendo se mov\u00eda, desaci\u00f3ndoles, toparon al D(<em>octor<\/em>) Belart (Berart), que d\u00e1ndole mucbas pu\u00f1aladas le hubieran muerto del todo, \u00e1 no ser las religiosas, que rog\u00e1ndoles lo dejaran confesar; lo hicieron, y s\u00f3lo vivi\u00f3 algunas oras. El sujeto era Ec(<em>lesi\u00e1stic<\/em>)o, aunque ministro.<\/p>\n<p>Aquella misma tarde del d\u00eda de Corpus, que no obstante las muertes y estragos que se han referido, no se hav\u00eda a\u00fan saciado la sed de los tumultantes, una gran tropa de ellos se encamin\u00f3 \u00e1 casa del D(<em>octor<\/em>) Puig (Micer Rafael Puig), tambi\u00e9n de la Real Audiencia, que con s\u00f3lo esto le apellidavan traidor. Viv\u00eda \u00e1 la Bajada de los Leones, y entr\u00e1ndole la casa y sacando quanto en ella hav\u00eda se lo quemaron, que causava l\u00e1stima ver tanta riqueza como se malograva; quem\u00e1ronle puertas y ventanas, sin dejar sino las paredes, y \u00e1 no ser por las casas vecinas, tambi\u00e9n las huvieran puesto \u00e1 tierra. Cerr\u00f3se con esto la noche, si acaso se pod\u00eda decir d\u00eda el pasado, \u00e1 vista de tan funestas operaciones.<\/p>\n<p>Toda aquella noche estub\u00ederon las compa\u00f1\u00edas por sus puestos, sin molestia alguna para nadie, sino guardando aquel distrito que se les hav\u00eda encargado.<\/p>\n<p>Amaneci\u00f3 el d\u00eda, viernes, y aunque divagavan las compa\u00f1\u00edas por la ciudad, la sed y sa\u00f1a de los tumultantes estava tan encendida como en el principio, y prosiguiendo en su modo de obrar, aquel d\u00eda quemaron quanto encontraron en casa del D.or Mir (Dr. Jaime Mir), que estava \u00e1 la plazuela de San Yuste (Plaza de San Justo). Lo mismo en casa del D.or Vi\u00f1as (Micer Felipe Vinyes), que estava \u00e1 la Carnicer\u00eda den Corts; y de [el aguacil] Monrrodon, que estava \u00e1 la calle de Ancha; haciendo de los vienes de estos dos una oguera \u00e1 la esquina de la Carnicer\u00eda den Corts, en la calle Ancha; vien que estos tres, viendo lo que pasava el d\u00eda antes, y recel\u00e1ndose de lo que le sucedi\u00f3, retiraron lo mejor y quanto pudieron (&#8230;), bien que las alhaxas de maderaje, puertas y ventanas todo pereci\u00f3. <\/p>\n<p>Pasaron de aqu\u00ed \u00e1 casa del D.or Mas\u00f3 (Micer Jos\u00e9 Mass\u00f3) que estava \u00e1 la calle de Basea; \u00e9ste tubo fantas\u00eda de querer defender su casa \u00e1 fuerza de armas; pero as\u00ed como llegaron y vieron la resistencia, encolerizados m\u00e1s los del tumulto y acudiendo m\u00e1s gente, y con mucha arma, llegaron \u00e1 poner fuego en las puertas y ventanas de los entresuelos, y vi\u00e9ndose ya casi perdidos los de adentro, procuraron ponerse en salvo por los texados y (<em>a<\/em>)zoteas, dejando el paso libre \u00e1 los incendiarios, que entrando, convirtieron en ceniza quanto ten\u00eda en casa, que era mucho, rico y bueno; que fiado en el valor propio y de la gente que ten\u00eda en casa, nada hav\u00eda sacado de ella.<\/p>\n<p>Era ya anochecer quando se obrava esta quema, y navegando ya mezclada mucha gente del lugar y de rapi\u00f1a, fu\u00e9 tanto lo rrobado como lo quemado. Encontraron en casa de este ministro unas arcas llenas de unas medallas mui delgadas, lo ancho de un real de \u00e1 ocho ([duro]), con unas efigies de la Virgen en ellas: eran de lat\u00f3n, y levant\u00f3se entre ellos la opini\u00f3n de que aquellas medallas hav\u00edan de servir de insignia \u00e1 los afectos al Rey quando los castellanos entrar\u00edan, y quien no la tr\u00fajese al sombrero \u00f3 pecho, era enemigo del Rey, y que no se quedase nadie \u00e1 vida de los que no la traer\u00edan: esto sirvi\u00f3 para compon\u00e7onar m\u00e1s los \u00e1nimos de los naturales.<\/p>\n<p>El d\u00eda siguiente, s\u00e1vado, se reconoci\u00f3 que crec\u00eda el tumulto y con maior desberg\u00fcenza, pues havi\u00f3ndose juntado con los segadores toda la canalla y ruindad de Barcelona, pasavan ya las cosas \u00e1 continuado ladronicio, y \u00e1 que cada uno obrava sig\u00fan su da\u00f1ada intenci\u00f3n, sin remedio ni freno alguno, inbentando ruido en donde se les antojava, para robar y hacer de las suias.<\/p>\n<p>Ese d\u00eda, por la ma\u00f1ana, \u00e1 cosa de las nueve, se encaminaron \u00e1 casa de M(<em>ice<\/em>)r Ramona (El Dr. D. Luis Ram\u00f3n), que estava enfrente casa el marqu\u00e9s de Aytona. Hall\u00e1vase all\u00ed J. Ronis (Lorenzo Ronis, ciudadano honrado de Barcelona, que viv\u00eda en la calle del Hospital, frente \u00e1 la capilla del Angel Custodio&#8230;), cu\u00f1ado de Ramona, con unos mozos de armas mui de su aficci\u00f3n y confianza, y viendo tanta multitud de canalla, se encamin\u00f3 \u00e1 casa de la Ciudad, lament\u00e1ndose en alta voz de que se tolerase tal maldad en Barcelona, como dejar apoderar de la ciudad aquella vil gente, y que ya no hav\u00eda casa sigura, pues acavando de destruir las de los ministros, pasar\u00eda \u00e1 ser lo mismo en las de los particulares, y que le diesen gente, que \u00e9l dar\u00eda remedio. <\/p>\n<p>Era \u00e9ste Ronis, capit\u00e1n de los tintureros, y encontrando \u00e1 la saz\u00f3n su sargento, con quatro \u00f3 cinco mosqueteros en Casa de la Ciudad (que siendo de guardia en la Puerta Nueva, hav\u00eda ydo \u00e1 tomar unas \u00f3rdenes), le dijo lo siguiese con la gente que trah\u00eda, y encamin\u00e1ndose \u00e1 casa Ramona, hallaron que el n\u00famero de la gente era ma(i)or, y queriendo embestir, les dijeron: que si quer\u00edan vivir se retirasen, que de no hacerlo les costar\u00eda la vida. Retir\u00e1ronse, menos que Ronis y otro compa\u00f1ero: quisieron pasar \u00e1 casa Ramona, y tir\u00e1ndose unos \u00e1 otros, \u00e1 Ronis s\u00f3lo le chamuscaron la ropa, pero \u00e9l mat\u00f3 un segador; y encendi\u00e9ndose maior ravia entre los del tumulto \u00e1 vista de la muerte del segador, causaron maior ruina y estrago en casa de Ramona, pues quem\u00e1ndole mucha riqueza, despu\u00e9s de no dejarle nada, arruinaron gran parte del edificio de la casa. Ronis se retir\u00f3 \u00e1 su casa \u00e1 prevenirse, pues hav\u00eda de suceder con \u00e9l lo mismo que con los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Irritados de nuevo los segadores con la muerte de su compa\u00f1ero, acavada la destroza de Ramona, se encaminaron \u00e1 casa de Ronis, el qual, haviendo juntado hasta unos quarenta entre amigos y deudos, empez\u00f3 \u00e1 resistir con armas, y estando batallando cosa de dos horas para detener el \u00edmpetu, mataron dos \u00f3 tres de ciudad de los que hivan con los segadores, y entre tanto sacaron por los texados lo mexor y m\u00e1s que pudieron, y descaeciendo de \u00e1nimo los defensores, y falt\u00e1ndoles municiones, tuvieron \u00e1 vien de desamparar la casa y retirarse como pudieron.<\/p>\n<p>Embestieron los del tumulto, y entr\u00e1ndole la casa le quemaron quanto quisieron, rob\u00e1ndole lo dem\u00e1s, que sin duda fu\u00e9 m\u00e1s lo que se llebaron que lo que consumi\u00f3 el fuego; hall\u00e1ronle un aposento lleno de cuerda, que era mercader\u00eda con que negociava Ronis, pero los del tumulto atribuieron el almagac\u00e9n \u00e1 alevos\u00eda, y prevenci\u00f3n para quando llegar\u00edan los castellanos; y no es de admirar esta y otras inventivas, porque corrieron aquellos d\u00edas tantas pataratas y embustes, que no es cre\u00edble, ni aqu\u00ed es bien se haga menci\u00f3n, as\u00ed por su muchedumbre como por su poco \u00f3 ning\u00fan fundamento.<\/p>\n<p>Cansados ya los del tumulto de quemas, omicidios y ruinas, tomaron otro rumbo, que fue embestir las cavallerizas en donde ten\u00eda la Ciudad los cavallos del Rey, de aquellos soldados que, perseguidos de los somatenes, se embarcaron; y asimismo las cavallerizas del de Fernandina y D.n Alvaro de Qui\u00f1ones, tomando cada uno sigun quer\u00eda y pod\u00eda, que entre los del Rey y estos otros hac\u00edan hasta el n\u00famero de trescientos cavallos. <\/p>\n<p>Viendo la Ciudad que esta acci\u00f3n amenazava maior estrago, mand\u00f3 doblar las guardias en los puestos, y que por la puerta no entrase gente armada, y al mismo tiempo mand\u00f3 que dos compa\u00f1\u00edas numerosas, teniendo los cuerpos de guardia la una al llano de Lluy y la otra \u00e1 las casas de la Ciudad, haciendo quatro mangas bien armadas, discurrieran divididas por la ciudad, no permitiendo fuese gente armada junta en n\u00famero, para evitar los da\u00f1os, insultos y maldades que se hac\u00edan. Pagaba la Ciudad quatro r(<em>eales<\/em>) todos los d\u00edas \u00e1 cada uno de los de estas compa\u00f1\u00edas, y aun con doblar las guardias y hacer discurrir por ciudad las compa\u00f1\u00edas armadas, no hera f\u00e1cil sugetar lo rebelde \u00e9 ind\u00f3mito de los tumultantes.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Viendo nuestro Virrey el lebantamiento del pa\u00eds, el sumo desconcierto de las cosas, lo poco que le tem\u00edan, y que todo amenazava ruina, estaba temeros\u00edsimo de su \u00faltima desdicha: aumentava sus temores el ver que con la disposici\u00f3n de la cosecha concurr\u00edan ya los segadores, gente sin respecto, atenci\u00f3n ni orden, y m\u00e1s en ocasi\u00f3n, [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[134],"tags":[994,1007,1103,1119,1120,1256,1384,1399,1407,1415,1522,1574,1576,1600,1608,1625,1642,1643,1767,2065,2189,2386,2862,2940,3017,3303,3390,3400,3503,3505,3833,3926,4145,4240,4251,4456,4552],"class_list":["post-7401","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cronica-catalana-de-miguel-parets","tag-asesinato","tag-atarazanas-reales-de-barcelona","tag-barcelona","tag-basilica-de-la-merced-barcelona","tag-santa-maria-del-mar","tag-caballo","tag-casa-de-la-ciudad-de-barcelona","tag-castilla","tag-castillo-de-salses","tag-cataluna","tag-coche-de-caballos","tag-condado-de-rosellon","tag-condado-de-santa-coloma","tag-consejo-de-ciento","tag-conseller-en-cap","tag-convento-de-san-francisco-de-barcelona","tag-corpus-christi","tag-corpus-de-sangre","tag-diputacion-del-general-del-principado-de-cataluna","tag-felipe-iv-de-espana","tag-francisco-manuel-de-melo","tag-guerra-franco-espanola-1635-1659","tag-juan-miguel-de-monredon","tag-la-rambla","tag-linchamiento","tag-miguel-de-montrodon","tag-mosquete","tag-muelle-construccion","tag-orden-de-la-merced","tag-orden-de-los-minimos","tag-puertas-de-barcelona","tag-real-audiencia-de-cataluna","tag-segador","tag-sombrero","tag-sublevacion-de-cataluna-1640","tag-valles-cataluna","tag-xenofobia"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/oreneta.com\/libro-verde\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7401","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/oreneta.com\/libro-verde\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/oreneta.com\/libro-verde\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/oreneta.com\/libro-verde\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/oreneta.com\/libro-verde\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=7401"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/oreneta.com\/libro-verde\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7401\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/oreneta.com\/libro-verde\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=7401"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/oreneta.com\/libro-verde\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=7401"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/oreneta.com\/libro-verde\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=7401"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}