{"id":7308,"date":"1921-01-20T15:20:39","date_gmt":"1921-01-20T15:20:39","guid":{"rendered":"https:\/\/oreneta.com\/libro-verde\/?p=7308"},"modified":"1921-01-20T15:20:39","modified_gmt":"1921-01-20T15:20:39","slug":"empieza-aplicacion-de-la-ley-de-fugas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/oreneta.com\/libro-verde\/1921\/01\/20\/7308\/","title":{"rendered":"Diego Parra sobrevive a una temprana aplicaci\u00f3n de la ley de fugas"},"content":{"rendered":"<p>De uno de estos asesinatos se salv\u00f3 un muchacho de Castell\u00f3n, llamado Parra, que, herido, se hizo el muerto, y cuando en el dep\u00f3sito de cad\u00e1veres del Hospital Cl\u00ednico se consider\u00f3 fuera de peligro, dio se\u00f1ales de vida y fue conducido a una sala y curado de varias heridas no vitales. Despu\u00e9s fue mandado, de nuevo, a la c\u00e1rcel. All\u00ed explic\u00f3 c\u00f3mo se hab\u00eda efectuado el crimen. Eran cinco sindicalistas que estaban detenidos en la jefatura de polic\u00eda, sin saber por qu\u00e9. A medianoche fueron sacados de los calabozos y entregados, bajo recibo, a dos parejas de la guardia civil para ser llevados a la c\u00e1rcel, cuando lo usual era que fueran llevados en el furg\u00f3n celular. Los guardias ataron a los presos de dos en dos y uno solo detr\u00e1s, pero las cuerdas iban atadas unas con otras; imposible que uno de los detenidos intentara escapar solo. Subieron por la V\u00eda Layetana, calle Claris y torcieron por la de Arag\u00f3n. Los condenados iban flanqueados por dos guardias a ambos lados y dos detr\u00e1s. Hubiera sido absurdo intentar la fuga. Al llegar a la calle de Vilamar\u00ed les hicieron tomar calle arriba, como si fueran hacia la c\u00e1rcel. Por aquella \u00e9poca aquel sector de la ciudad estaba sin edificar y casi sin luz. De pronto los guardias de los lados se quedaron rezagados e inmediatamente sonaron los disparos de m\u00e1user, por dos veces. Los cinco conducidos cayeron al suelo sin siquiera gritar. Uno de los guardias fue al Hospital Cl\u00ednico y orden\u00f3 que fueran a recoger los muertos. Tras mucho discutir, y despu\u00e9s de haber telefoneado a la jefatura, los empleados del hospital acabaron por utilizar un carro que ten\u00edan para hacer las compras, y en ese veh\u00edculo fueron llevados, amontonados, los cinco muertos, que no eran m\u00e1s que cuatro. Parra oy\u00f3 los disparos y se sinti\u00f3 herido en la espalda y en las piernas, pero no perdi\u00f3 el conocimiento ni un instante y, comprendiendo de lo que se trataba, tuvo la serenidad de fingirse muerto, estirado boca abajo en el suelo, y con un brazo estirado fuertemente por el de otro compa\u00f1ero muerto. Se sent\u00eda desangrar lentamente, pero comprendi\u00f3 que, si callaba, ten\u00eda una d\u00e9bil posibilidad de salir con vida de aquel atentado vergonzoso. As\u00ed estuvo m\u00e1s de media hora. lnfinidad de ideas se agrupaban en su cerebro, su familia, su prometida, su pueblo&#8230; pero sobre todas el instinto de conservaci\u00f3n. \u00a1Vivir! Hab\u00eda que vivir, y para ello, no moverse, callar, sufrir. Los guardias deb\u00edan haberse retirado a alguna distancia, porque, aunque o\u00eda como hablaban, no lograba entender lo que dec\u00edan. De pronto le acongoj\u00f3 la idea de que fueran a darle el tiro de gracia. Todas las ideas se marcharon de su cerebro como p\u00e1jaros asustados. Su atenci\u00f3n agud\u00edsima no ten\u00eda m\u00e1s raz\u00f3n de ser que escuchar, escuchar con el temor inmenso de o\u00edr los pasos fat\u00eddicos de un guardia que pudiera acercarse con el fusil preparado para acabar con \u00e9l.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>De uno de estos asesinatos se salv\u00f3 un muchacho de Castell\u00f3n, llamado Parra, que, herido, se hizo el muerto, y cuando en el dep\u00f3sito de cad\u00e1veres del Hospital Cl\u00ednico se consider\u00f3 fuera de peligro, dio se\u00f1ales de vida y fue conducido a una sala y curado de varias heridas no vitales. 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