{"id":3402,"date":"1855-07-14T10:20:36","date_gmt":"1855-07-14T10:20:36","guid":{"rendered":"https:\/\/oreneta.com\/libro-verde\/?p=3402"},"modified":"1855-07-14T10:20:36","modified_gmt":"1855-07-14T10:20:36","slug":"ejecucion-del-coronel-blas-de-durana-ya-suicidado-por-el-asesinato-de-la-baronesa-de-senelles","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/oreneta.com\/libro-verde\/1855\/07\/14\/3402\/","title":{"rendered":"Ejecuci\u00f3n del coronel Blas de Durana, ya suicidado, por el asesinato de la baronesa de Senelles"},"content":{"rendered":"<p>El coronel Durana.<\/p>\n<p>Consagremos la \u00faltima p\u00e1gina de los recuerdos de la Ciudadela, \u00e1 la memoria de un militar tan desgraciado como querido de cuantos tuvieron ocasion de apreciar la belleza de las prendas que le adornaban.<\/p>\n<p>La calle de la Union fu\u00e9 \u00e1 las primeras horas de la noche del 19 de junio de 1855, teatro de un drama horroroso.<\/p>\n<p>Durante el dia pudieron observar los vecinos, \u00e1 un j\u00f3ven de unos treinta a\u00f1os, rubio, de arrogante figura, y vestido con elegancia, que sin desamparar el portal de la casa n\u00famero 21, parecia acechar con particular inter\u00e9s la entrada y piso primero de la casa n\u00famero 32, en frente de aquella.<\/p>\n<p>Por las maneras del j\u00f3ven, y por el individuo que en traje de asistente se le acercaba \u00e1 hablarlo de vez en cuando, se hubiera desde luego tomado por militar al perenne observador.<\/p>\n<p>Su p\u00e1lido rostro y su brillante mirada, indicaban que algun estraordinario sentimiento le tenia misteriosamente clavado en aquel sitio.<\/p>\n<p>En la habitacion, objeto de su vigilancia, vivia con su hermano y cu\u00f1ada la baronesa de Senelles, ausentada por algunos dias de la casa y compa\u00f1ia de su esposo, residente en una de las ciudades de la alta monta\u00f1a, al objeto de pasar la octava del Corpus con su distinguida familia.<\/p>\n<p>La baronesa se hallaba en estado interesante.<\/p>\n<p>Dieron las ocho, hora en que empezaba la funcion en los teatros p\u00fablicos, y a poco aparecieron en el portal los hermanos de la baronesa.<\/p>\n<p>Esta bajaba mas despacio la escalera poni\u00e9ndose los guantes.<\/p>\n<p>Casi al mismo tiempo penetr\u00f3 en la casa el j\u00f3ven que hasta entonces habia estado de centinela en el portal fronterizo, subi\u00f3 algunos escalones, y encontrando en la primera meseta \u00e1 la infortunada baronesa,<\/p>\n<p>\u2014Toma, infame,\u2014le dijo asest\u00e1ndola una terrible pu\u00f1alada, que la derrib\u00f3 contra la reja de hierro que en aquel paraje se halla.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ah! \u00a1favor! \u00a1socorro!\u2014pudo apenas gritar la infeliz.<\/p>\n<p>El asesino no cesaba de ensa\u00f1arse en su victima, sepult\u00e1ndole en el cuerpo hasta trece veces el pu\u00f1al homicida.<\/p>\n<p>A los gritos desesperados de los hermanos de la baronesa, acudieron algunos milicianos y vecinos.<\/p>\n<p>Penetraron los primeros don Francisco Llad\u00f3, don Miguel Coll y don Jos\u00e9 Casas y Cort\u00e9s, cabos aqu\u00e9l y \u00e9ste, y sargento el segundo del cuarto batallon de milicia, quienes hallaron al matador, contra el cual apunt\u00f3 Casas el fusil, contemplando como enagenado \u00e1 la ya ex\u00e1nime se\u00f1ora, y teniendo aun en una mano el arma ensangrentada y en la otra un rico abanico roto y un pa\u00f1uelo blanco.<\/p>\n<p>El rostro, las manos y el vestido del matador estaban manchados de sangre.<\/p>\n<p>No se inmut\u00f3 el criminal a la \u00f3rden de alto. Manifest\u00f3 que habia herido \u00e1 aquella mujer deliberadamente y con la mayor premeditacion. Levant\u00f3 los brazos para que su aprehensor le registrare los bolsillos y se convenciere de que no llevaba otras armas, y dijo que estaba dispuesto \u00e1 seguirle \u00e1 donde quisiese llevarle.<\/p>\n<p>Como otros de los milicianos que habian ido acudiendo se dispusiesen \u00e1 asegurar al asesino,<\/p>\n<p>\u2014No hay necesidad de ello,\u2014les dijo\u2014respeten Vds. al menos mi calidad, en la conviccion de que no he de oponer resistencia alguna. Me llamo Blas de Durana y soy coronel del quinto batallon de cazadores de Tarifa.<\/p>\n<p>Era hijo del bizarro brigadier que supo hallar gloriosa muerte en la famosa batalla de Peracamps, y hermano de militares no menos distinguidos del ej\u00e9rcito espa\u00f1ol.<\/p>\n<p>El instrumento del delito era un pu\u00f1al ordinario, que tenia la figura de un cuchillo de monte, con vaina de cuero. La punta estaba algo torcida de resultas de la violencia de los golpes.<\/p>\n<p>Acompa\u00f1ado por uno de los alcaldes constitucionales, y escoltado por numeroso grupo de milicianos armados y pueblo, fu\u00e9 conducido el delincuente por la calle de Fernando, \u00e1 las casas Consistoriales.<\/p>\n<p>Su victima, que habia dejado de existir \u00e1 los quince \u00f3 veinte minutos, fu\u00e9 al dia siguiente estraida de la casa mortuoria y conducida al cementerio, en medio del general sentimiento de dolor por su desgracia y de indignacion contra el que la habia causado.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 Durana \u00e1 las casas Consistoriales en el momento en que se verificaba el relevo de la guardia de este punto, saliendo la artiller\u00eda y entrando los zapadores.<\/p>\n<p>Como aun no estaba hecha la entrega, el capitan de artilleria don Francisco Soler y Matas se hizo cargo del preso. Al encerrarlo, el carcelero pas\u00f3 \u00e1 registrarle, y no encontr\u00e1ndole ninguna arma, ense\u00f1\u00f3 el reloj y dinero que solo llevaba en el bolsillo.<\/p>\n<p>Habiendo manifestado el capitan Soler que un preso no podia conservar nada en poder suyo, respondi\u00f3 Durana:<\/p>\n<p>\u2014Est\u00e1 bien; mas antes que entregarlo al carcelero, quiero hacer un regalo de todo lo que poseo al caballero capitan, para que conserve de mi este recuerdo; pues yo ya s\u00e9 la suerte que me aguarda.<\/p>\n<p>Escus\u00f3se el capitan, dici\u00e9ndole que no lo admitia sino en clase de dep\u00f3sito, y que se lo devolveria al hallarse en mejor situacion; pero fu\u00e9 tal la insistencia del preso, delante de las varias personas que habia alli reunidas, que el capitan se vi\u00f3 precisado \u00e1 aceptar el reloj y leontina de oro, un lente, y diez y seis duros y medio en varias monedas de oro y plata; todo lo que se le oblig\u00f3 despues \u00e1 entregar al fiscal.<\/p>\n<p>El 20, \u00e1 las seis y media de la ma\u00f1ana, fu\u00e9 conducido el desgraciado coronel \u00e1 la Ciudadela, en un coche donde iban tambien tres mozos de la Escuadra.<\/p>\n<p>Con una celeridad de que hay pocos ejemplos, instruy\u00f3se el sumario, recibi\u00f3se al acusado la confesion con cargos, estendi\u00f3 el fiscal la acusacion, pidiendo la \u00faltima pena, y \u00e1 los dos dias ya habia sido remitida ia causa en consulta al tribunal Supremo de Guerra y Marina.<\/p>\n<p>A las seis de la tarde del 24, en la sala de visitas del palacio de la Capitania general, con todas las formalidades de estilo y \u00e1 presencia de muchas personas, fu\u00e9 leida y publicada por el general Zapatero, la sentencia del juzgado del tribunal de la Auditoria de guerra, en virtud de la que se condenaba al coronel Durana \u00e1 la pena de muerte en garrote vil, como autor del asesinato premeditado y alevoso, sin ninguna causa atenuante, perpetrado en la noche del martes, en la persona de do\u00f1a Dolores Parrella de Plandolit, baronesa de Senelles.<\/p>\n<p>Se le impuso adem\u00e1s una indemnizacion de seis mil reales vellon,\u2014que fu\u00e9 aceptada,\u2014para los hijos de la victima, y el pago de todas las costas del juicio.<\/p>\n<p>El procurador don Jos\u00e9 Condeminas apel\u00f3 en el acto, en nombro de su defendido, del fallo que acaba de leerse y notificarse.<\/p>\n<p>Acto continuo el escribano don Jos\u00e9 Cantallops, con los dem\u00e1s dependientes del tribunal, se trasiad\u00f3 al calabozo que ocupaba el procesado en el primer piso de la torre de la Cindadela, y \u00e1 presencia de los mismos, del ayudante de aquella plaza y del oficial de la guardia, le notific\u00f3 el fallo que acababa de pronunciarse.<\/p>\n<p>Durana, que habia recibido corlesmente \u00e1 todas aquellas personas, oy\u00f3 la lectura de la sentencia con admirable serenidad, y con pulso seguro, suscribio la diligencia de notificacion, manifestando tan solo sentir la clase de suplicio que se le imponia.<\/p>\n<p>\u2014He sido soldado\u2014a\u00f1adio\u2014desde los primeros a\u00f1os de mi vida, y hubiera deseado acabar como tal mi existencia, pues no me amedrenta la muerte.<\/p>\n<p>Con todo, esta vez neg\u00f3 que hubiese obrado con la premeditacion que se suponia, pues quiso haber ejecutado el crimen en un momento de arrebato.<\/p>\n<p>Antes de terminar junio, fu\u00e9 trasiadado al castillo de Monjuich, por temor de que lograse evadirse, y considerando que, confiada su guarda al cuerpo de artilleria, habia de estar en mas seguridad que si continuase custodi\u00e1ndolo el arma de infanter\u00eda, en la que podia contar el procesado con muchas amistades.<\/p>\n<p>Mas Durana desech\u00f3 siempre toda idea de fuga. Solo habia pedido \u00e1 sus amigos un veneno que llevaba constantemente en el bolsillo, para tomarlo cuando se perdiese toda esperanza de salvacion legal.<\/p>\n<p>Los que se lo dieron, luci\u00e9ronle dar sin embargo palabra de no hacer uso de \u00e9l hasta recibir una carta encabezada con una cruz.<\/p>\n<p>En el castillo se le tuvo al principio en la mas rigurosa incomunicacion, pero despues se le permitio pasear por la muralla, bajo la responsabilidad de los oficiales de artilleria que le acompanaban.<\/p>\n<p>La causa en la que se condenaba \u00e1 Durana \u00e1 la pena demuerteen garrote vil, con arreglo al articulo 89 del c\u00f3digo penal, y dem\u00e1s accesorias, lleg\u00f3 el 27 de junio al Tribunal Supremo, que la pas\u00f3 para el apuntamiento al relator, quien la devolvio el 29, en cuyo dia la recibio el letrado defensor D. Paciano Massadas.<\/p>\n<p>Este digno letrado y dipuiado \u00e1 c\u00f3rtes\u2014aunque no conocia al coronel\u2014por uno de esos nobles impulsos, dignos de corazones elevados en el ministerio de la abogacia, acept\u00f3 el encargo de patrocinarle.<\/p>\n<p>Concediosele el t\u00e9rmino de veinte y cuatro horas, dentro de las cuales present\u00f3 la defensa, articulando por otrosies la prueba de que con intervalos de mayor \u00f3 menor tiempo, Durana tenia accesos de locura, comprobada por actos estertores en sus gestiones, asi p\u00fablicas como privadas; y que de resultas de su ardiente pasion por la se\u00f1ora do\u00f1a Maria de los Dolores Parrella, los celos le escitaron la locura, no obstante que dicha desgraciada se\u00f1ora no le correspondia, ni se presumia le hubiese dado motivos de esperanza.<\/p>\n<p>Esta prueba fu\u00e9 denegada, previa audiencia del fiscal.<\/p>\n<p>El defensor suplic\u00f3, se admiti\u00f3 este recurso, que fu\u00e9 mejorado en horas, evacuado el traslado al fiscal, y sin que precediera vista publica, citacion ni se\u00f1alamiento, se confirm\u00f3 con costas el auto suplicado.<\/p>\n<p>El abogado defensor, impulsado por su celo, reclam\u00f3 la nulidad de esta providencia, y el Tribunal, dando una prueba de grande rectitud, y con sacrificio hasta del amor propio, si se quiere, dej\u00f3 sin efecto la providencia confirmatoria con las costas de la denegacion de pruebas, y di\u00f3 lugar \u00e1 la vista p\u00fablica que sobre este incidente se verific\u00f3.<\/p>\n<p>Leida la relacion, hecha por el se\u00f1or Zurbano, tom\u00f3 la palabra Massadas, y en un discurso de buenas formas, y nutrido de doctrina juridica, trat\u00f3 de demostrar que Durana habia tenido durante el curso de su vida varios accesos de locura, citando entre otros el de haber mandado rapar la cabeza \u00e1 los soldados de su compa\u00f1ia en la espedicion de nuestro ej\u00e9rcito \u00e1 Italia, por cuyo hecho fu\u00e9 separado del mando por el general de la division Fernandez de C\u00f3rdoba. A\u00f1adi\u00f3 el defensor que, salva la honra de la desgraciada baronesa, los celos de que estaba poseido el don Blas, produjeron el desarreglo mental de que friamento y en otros actos habia dado el coronel evidentes muestras.<\/p>\n<p>El se\u00f1or Massadas dirigi\u00f3 su peroracion \u00e1 manifestar tambien, que la prueba propuesta no era igual ni contraria \u00e1 la de primera instancia, y asimismo procur\u00f3 evidenciar que era procedente, mejorando una alzada que habia sido admitida en el efecto resolutivo.<\/p>\n<p>El fiscal de S. M. no asisti\u00f3 \u00e1 la vista.<\/p>\n<p>A la una y media de la tarde se notific\u00f3 al procurador del procesado el nuevo auto confirmatorio de la denegacion de prueba. No satisfecho el defensor con los esfuerzos practicados, aunque vanamente, en el desempe\u00f1o de su noble ministerio, insistio todavia en la pr\u00e1ctica de las diligencias de prueba pedidas, y otras sobre nuevos hechos que acababan de llegar \u00e1 su noticia, bien admiti\u00e9ndosele otro recurso de s\u00faplica, \u00f3 para mejor proveer.<\/p>\n<p>Referiase Massadas \u00e1 ciertos documentos, que en su creencia habian de arrojar alguna luz para mejorar la condicion del reo.<\/p>\n<p>Pucos momentos despues le fu\u00e9 notificado el se\u00f1alamiento del punto definitivo, del cual pidio el abogado suspension.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo la madre y los hermanos del coronel, profundamento afligidos, no cesaban de implorar gracia y perdon para el reo, \u00ednterin la accion de los tribunales proseguia su marcha con la rapidez propia de tan grave suceso, que tenia justamente estremecida la conciencia p\u00fablica, llenando de dolor y amargura dos familias apreciables, la de la desgraciada victima y la de su ciego sacrificador.<\/p>\n<p>La sentencia de muerte fu\u00e9 confirmada.<\/p>\n<p>El 12 por la tarde, fu\u00e9 bajado el reo del castillo, y vuelto \u00e1 conducir al primer piso de la torre de la Ciudadela, en donde \u00e1 las seis y cuarto se le notific\u00f3 el fallo del Supremo Tribunal.<\/p>\n<p>Oy\u00f3 la lectura silenciosamente, y firm\u00f3 luego con mano segura, tambien sin proferir palabra, la triste diligencia.<\/p>\n<p>Despues se lament\u00f3, como siempre lo habia hecho, de la clase de suplicio que se le imponia, manifest\u00e1ndose pesaroso de no poder terminar sus dias de un modo mas conforme al noble ejercicio de las armas.<\/p>\n<p>Tan luego como se constituy\u00f3 en capilla, admiti\u00f3 los ausilios espirituales de los p\u00e1rrocos castrenses, escus\u00e1ndose de recibir \u00e1 otras personas y tambien \u00e1 los hermanos de la Paz y la Caridad.<\/p>\n<p>Estos sin embargo, cumpliendo con los deberes de su ben\u00e9fica institucion, permanecieron coustantemente junto \u00e1 la torre, para poder acudir con mas oportunidad cuando se les necesitase.<\/p>\n<p>Precisamente se habia acordado que no salieran las campanillas \u00e1 recorrer las calles de la ciudad pidiendo por el reo, y que no asistiese \u00e1 la ejecucion la congregacion de la Sangre; pero si que se celebrasen las dem\u00e1s ceremonias religiosas, propias de tan tristes actos, corriendo los gastos de cuenta del infeliz Durana, y tambien la devota funcion religiosa que siempre acostumbra \u00e1 celebrar en la iglesia del Pino la Real Cofradia de los Desamparados.<\/p>\n<p>El coronel pas\u00f3 el dia 13 tranquilo y resignado con su suerte.<\/p>\n<p>Varias veces se reconcili\u00f3 con los sacerdotes que le acompa\u00f1aban, y se confes\u00f3.<\/p>\n<p>Las horas que le dejaban libres sus deberes religiosos, las empleaba escribiendo, otorgando testamento y conversando con diferentes personas.<\/p>\n<p>Tambien quiso que se le sacase el retrato al daguerrotipo, para legar este \u00faltimo recuerdo \u00e1 su desconsolada madre.<\/p>\n<p>El reloj y lentes que \u00e1 su instancia se le habian devuelto, quit\u00e1ndosele sin embargo \u00e1 aqu\u00e9l el cristal, fusron legados \u00e1 su hermano don Marcelino.<\/p>\n<p>Al piquete que debia escoltarle, dej\u00f3 una onza, y varias monedas \u00e1 otras personas.<\/p>\n<p>Para las siete de la tarde orden\u00f3 que se le trajese de la fonda la comida, y manifest\u00f3 el deseo de tener \u00e1 la mesa \u00e1 varios amigos.<\/p>\n<p>Sin embargo, solo le acompa\u00f1aron en ella los dos sacerdotes y el oficial de la guardia y capitan del 9 de Soria, don Ramon Figuerola.<\/p>\n<p>Con \u00e9ste habl\u00f3 largo rato hasta las diez de la noche en que lo dijo que deseaba descansar. Anim\u00f3le con algunas copas de Jerez, lo abraz\u00f3 con efusion, y se dispuso para acostarse, prescribiendo al centinela que cuidara de cumplir con su deber.<\/p>\n<p>Entonces fu\u00e9 cuando, recat\u00e1ndose de los capellanes que no le habian dejado, quit\u00f3 el lacre del pomo que encerraba el veneno, cubri\u00f3se el rostro, trag\u00f3 el t\u00f3sigo de muerte y se estir\u00f3 en la cama encomendando su alma al Criador.<\/p>\n<p>A las cuatro de la madrugada del 14, en que debia tener lugar la ejecucion, levant\u00f3se uno de los p\u00e1rrocos para decir la misa.<\/p>\n<p>Durana parecia profundamente dormido.<\/p>\n<p>Acerc\u00f3se el capellan \u00e1 su cama.<\/p>\n<p>El coronel se agit\u00f3 en aquel instante presa de una terrible convulsion.<\/p>\n<p>Su rostro estaba amoratado.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Este hombre se muere! grit\u00f3 el capellan despavorido. Todos acudieron al lecho del moribundo.<\/p>\n<p>Aun habia tiempo para administrarle la Estremauncion.<\/p>\n<p>No parecia sino que esperaba aquella pobre alma este \u00faltimo ausilio para desprenderse del cuerpo y remontarse \u00e1 las eternales regiones de lo infinito.<\/p>\n<p>Con la velocidad del rayo se di\u00f3 aviso al auditor de guerra, al capitan general y \u00e1 las dem\u00e1s personas \u00e1 quienes importaba tener conocimiento del suceso.<\/p>\n<p>Llam\u00f3se tambien \u00e1 algunos facultativos, que sangraron y suministraron \u00e1 Durana ausilios ya ineficaces.<\/p>\n<p>Dos cartas se encontraron junto al cad\u00e1ver.<\/p>\n<p>La una era sobre asuntos particulares, y en la otra, despues de varias protestas y reflexiones, decia que no se culpase \u00e1 nadie de su muerte, pues que \u00e9l mismo se la habia dado por medio de un veneno que desde mucho tiempo tenia prevenido, \u00e1 fin de evitar la infamia del patibulo.<\/p>\n<p>Sin p\u00e9rdida de momento se present\u00f3 el auditor con el tribunal para proceder \u00e1 la formacion de las oportunas diligencias, dando las \u00f3rdenes convenientes para que se llevase \u00e1 efecto la ceremonia de la ejecucion de la sentencia.<\/p>\n<p>A la hora prefijada (las 8) estaba formado el cuadro en el gl\u00e1cis de la Ciudadela.<\/p>\n<p>A las ocho y cuarto empez\u00f3 \u00e1 salir para el lugar del suplicio el funebre acompa\u00f1amiento.<\/p>\n<p>La sentencia iba \u00e1 ejecutarse en un cad\u00e1ver.<\/p>\n<p>Los restos del desgraciado Durana, cubiertos con la hopa negra, eran llevados en camilla destapada por cuatro presidarios.<\/p>\n<p>Estos mismos subieron el inerte cuerpo del coronel al funesto cadalso y sent\u00e1ronlo sobre la fatal banqueta.<\/p>\n<p>El ejecutor cumplio en seguida con su triste ministerio.<\/p>\n<p>Un silencio aterrador rein\u00f3 en el gran gentio que habia acudido \u00e1 presenciar la ejecucion.<\/p>\n<p>Hasta el medio dia permanecio el cad\u00e1ver espuesto \u00e1 la p\u00fablica espectacion. Despues de esta hora las hermanas de la Cofradia de te Virgen de los Desamparados le vistieron el escapulario, y coloc\u00e1ndole en un coche f\u00fanebre, le acompa\u00f1aron al cementerio, seguidos de los facultativos que verificaron la autopsia.<\/p>\n<p>El infortunado coronel se\u00bb habia envenenado con <em>cianuro merc\u00farico<\/em>.<\/p>\n<p>Tal fu\u00e9 la suerte de un j\u00f3ven de distinguida familia, que \u00e1 la temprana edad de treinta a\u00f1os, acababa de alcanzar en el ej\u00e9rcito el grado de coronel, habiendo adquirido por sus servicios var\u00edas cruces militares y desempe\u00f1ado honrosos cargos.<\/p>\n<p>La pasion del amor le estravio como \u00e1 tantos otros.<\/p>\n<p>Antes de morir pidio perdon \u00e1 la familia agraviada, y \u00e1 duras penas la obtuvo del ofendido esposo.<\/p>\n<p>No hay duda que seria mal correspondida esa pasion cuando \u00e1 tal estremo arrebat\u00f3 \u00e1 Durana el desvio de la noble dama de sus pensamientos. Por lo menos el desgraciado dej\u00f3 siempre ileso el honor de la baronesa de Senelles.<\/p>\n<p>La continua persecucion con que a esta se\u00f1ora molestaba de mucho tiempo fu\u00e9 causa de que \u00e1 instancias de la misma \u00f3 de su esposo se le desterrase \u00e1 Lugo por el capitan general de Catalu\u00f1a.<\/p>\n<p>Esta \u00f3rden exaltando el resentimiento del coronel Durana, le condujo, probablemente, al asesinato y al pat\u00edbulo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El coronel Durana. Consagremos la \u00faltima p\u00e1gina de los recuerdos de la Ciudadela, \u00e1 la memoria de un militar tan desgraciado como querido de cuantos tuvieron ocasion de apreciar la belleza de las prendas que le adornaban. 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