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19 de May de 1848 - Fiesta de san Ivo, elogio de la abogacía (597)

No hay oficio ni profesion en el mundo en cuyo ejercicio no tenga el hombre mucho que sufrir y muchísimo que ofrecer á Dios, si los desempeña con conciencia, no separándose nunca del camino de la virtud, y no olvidando el amor al prójimo. Por esto vemos santificados varones de todas las clases de la sociedad. Papas, obispos, simples sacerdotes, abades, frailes, ermitaños, diáconos, emperadores, reyes, duques, militares, labradores, carpinteros, plateros, zapateros y hasta abogados. Y decimos hasta abogados, porque el vulgo que es el que menos trata con ellos, y de quien ellos menos reciben, ha dado en el chiste de creer que no es la abogacía la profesion mas á propósito para llevar al cielo á los que la ejercen, sin acordarse de que sin ellos muchos inocentes morirían en un patíbulo, y muchos fuertes usurparían la fortuna de los débiles. Al abogado le sucede lo que al médico; mientras el cliente y el enfermo padecen, el abogado y el médico son su consuelo y su esperanza, cuando estan salvados del peligro son unos ladrones: se tienen en cuenta las causas perdidas y los enfermos muertos, y el ingrato cliente y el ingrato curado creen que ganaron y se curaron porque debian ganar y curarse. Cómo ha de ser! la ingratitud es el primer vicio que hubo de castigar el Criador, y probablemente será de los últimos que castigue.

Esta injusta prevencion no es esclusiva del vulgo, y á propósito de ello, recordamos que predicando de san Ibo abogado, que es el santo de hoy, el célebre P. Puig de san Sebastian, hombre de mucha fama y mas palabrero que orador, comenzó el sermon de esta manera: san Ibo fue abogado: abogado y santo, milagro de la Gracia: Ave María. A lo menos no se le puede negar á este retazo un gran fondo de elocuencia y gracia. ¡Era mucho hombre el P. Puig! De suerte que de lo dicho se deduce que la abogacía es para ganar el cielo tan buena como otra profesion cualquiera, y sabe Dios si lo es mas; y por esto tienen los abogados un abogado santo, que es su santo abogado, cuya fiesta celebran hoy en particular, pues el ilustre colegio no hace cosa alguna para demostrar que se alegra de tener entre los santos á un individuo que si viviera seria colegiado. Y no se crea que san Ibo llegó á ser santo sin su trabajillo y su por qué, en prueba de lo cual, sin acudir á leyendas añejas, citarémos los versos del abuelo de uno de nosotros añalejeros, que por mas señas era tan mal poeta como su nieto. Decia el abuelo panegirizando á san Ibo:

Abogado fue san Ibo,
En cuyo dictámen recto
No hubo acepcion de personas
Ni hubo acepcion de sugetos.
Como abogaba de valde
Y de nadie cobró derechos,
Aunque siempre tuvo causas
Nunca tuvo, el pobre, efectos.

Confesamos de buena fe que si la primera cuarteta puede aplicarse á muchos abogados contemporáneos, no son pocos los que pueden apropiarse la segunda, y serán en mucho mayor número los venideros, porque segun son las hornadas de abogados que cada año van saliendo de las universidades, ó Dios lo remedia, ó la mayor parte tendrán que trabajar de valde. Para el cuerpo no será esto gran cosa, pero en cambio muchos podrán aspirar á ser santos, pues el hambre y la miseria son para la beatificacion méritos muy relevantes.

Juan Cortada, José de Manjarrés, Josefina Roma, El libro verde de Barcelona. Añalejo de costumbres populares, fiestas religiosas y profanas, usos familiares, efemérides de los sucesos mas notables acaecidos en Barcelona (1848).

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